A dedesdecir Dios | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Me enseñaste a decir dios,

a no esquivar las palabras
que mal decía.

Me enseñaste a decir adiós,
las palabras secretas,
a no huir de las otras.

Me enseñaste a decirte adiós,
sin fe,
con miles de ruegos,
para no desdecir el tiempo,
lamento.

Me enseñaste a no reclamarte,
a morirme con amor sin ti,
sin ti,
con amor a mí.

Te dejé.
Me dejaste.

Como dos líneas iguales
que, al saltarse,
dejan de encontrarse.

Me enseñaste sin Dios,
sin ti,
sin mí.

Y entonces entendí:

Dios
era la palabra.

Tú,
el adiós.

Yo,
lo que quedaba
después.

Llegaste.

Y ya no supe
si eras Dios,
si eras tú,
si era yo
diciendo adiós.

Llegaste a Dios.

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