Todo es empezar. Viva y muerta repites, porque olvidan gestos de adiós y buen humor. Hemos perdido las letras, el amor educado. Ya no invocan, solo dicen. Y decir no es menos que volar en la boca. Si provocas talento, de algún modo te robará la herida. Y llorando, de lloro quedarás. Porque el educado perdió y ganó, sonrojando. Ella, la que descubrió el pulso de los mentirosos, de los ardientes cinceles de estropajo. Cuando escribas, lávate la boca, el pensamiento y el corazón. Sabe Dios. Dios, sí. Lo escribí. Si escrito existe, no es nada, gracias. Te lo volveré a decir: ¿Para qué? ¿De dónde vienes? Todo esto y más yo no olvidaré: provocar.
Gracias, gracias, gracias es el nombre de las tres. Las recordarás por otra cosa. Yo te las daré en razones, probaciones al alma, para que escribas y no me olvides. Aun habiendo borrado mi nombre, yo estaré ahí. Gracias, gracias, gracias. Así me llaman. Yo sí que no olvido sus nombres: Aglaya, Eufrósine y Talia, belleza, alegría y florecimiento. ¿Del espíritu pensaste? No. Del alma. Ahora vuelve a esas palabras y di: gracias. Por lo menos, para que te quede abundancia. Lávate la boca, pensamiento y acción, para que el corazón no te prive de este abrazo que a mí me provocaste, porque vi tu herida… y ya no es nada.
*Extracción de la poesía del encanto (2025); Cristina Arribas González.*
Precioso es poco
ResponderEliminar🌷🌷
ResponderEliminar