La verdad espera ser mirada
porque hay un lugar donde todo calla sin embargo habla.
Y en su transparencia arde sin consumirse.
Cuando todo pasa.
Cuando el ruido cede
se queda la verdad
con su sonido intacto.
Pequeña pero firme.
No exige palabras,
las atraviesa con su luz.
Respirar esperando ser mirada.
Donde todo calla.
Y sin embargo habla.
Y aunque nadie la nombre,
resuena.
Se queda suspendida
en lo que no se dijo,
en la grieta de las voces.
No grita, la verdad.
Pero permanece.
La verdad nos mira
en el momento inevitable,
sostenida por pulsos
que dejamos al caer,
ya heridos, hieráticos.
Ella reluce:
sobre viva.
*La poesía de la verdad (Hijos de marzo, 2026), de Cristina Arribas González.*
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