Canto cósmico (revisión en italiano) | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

La morte è dietro l’angolo

come la revisione del nostro dialogo acceso.

Amo gli uccelli
perché amo la loro dimensione nell’infinito.
Adoro il loro rito d’accoppiamento
sul cerchio indeciso del crepuscolo.

Sogno i tuoi baci al timone
del senso che do al gesto.

Amare, ho dovuto fuggire dalle rive,
cedere all’idea.
Ogni canto comincia cedendo
quando il rito magico
si avvicina alla sua fine.

Ti adoro come la profezia
che ho dovuto consegnare alla mia anima
nel disorientamento delle stelle
immacolate.

Tu puoi cedere all’angoscia,
alla malinconia, all’amore,
ma mai a me,
perché io sono il dramma
e tu l’attrice.

E mi manchi.

Canto cósmico | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

La muerte está a la vuelta de la esquina
como la revisión de nuestro diálogo encendido
Amo a los pájaros porque amo su dimensión en el infinito
Adoro su ritual de apareamiento 
Sobre el círculo indeciso del crepúsculo
Sueño con tus besos tripulando 
el sentido que doy al gesto 
Amar tuve que huir de las orillas
Ceder ante la idea
Todo canto empieza por ceder 
cuando el ritual mágico 
se acerca a su final
Te adoro como la profecía 
que tuve que dar a mi alma
en el desasosiego de las estrellas
Inmaculadas
Tú puedes ceder a la angustia
a la melancolía y al amor
Pero jamás a mí porque yo soy
El drama y tú la actriz
Y te extraño


Ensayo crítico sobre la palabra | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

LO QUE ESTÁ DETRÁS DE LA PALABRA


Archivo expandido de memoria artística


o


EL PRINCIPIO DE LA ROSA


Lo que está detrás de la palabra


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TEMÁTICA VIVA


1. Memoria artística

2. Dolor y transformación

3. Desposesión

4. La muerte de la palabra

5. El principio de la rosa

6. Interdisciplina radical

7. El lector y el otro

8. Archivo expandido


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UMBRAL


««Mais toujours et distinctement je vois aussi. La tache noire dans l'image, j'entends le cri. Qui perce la musique, je sais en moi. La misère du sens.»»


— Yves Bonnefoy


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LO QUE ESTÁ DETRÁS DE LA PALABRA


Memoria artística


Hacer de lo esencial un camino de palabras.


Más allá del dolor y de sus testimonios.


La poesía, la liturgia hablada y el compromiso con lo pictórico, con lo profundo, con lo visible y lo invisible, a través de la herramienta simbólica.


El origen de los acontecimientos dados.


El ser artista.


El ser poesía.


El ser y la poesía.


La continua evolución de quien visiona, del trazado por el esqueleto escultor del desposeído.


No poseer.


Ser en el acto.


Entregar la fe que se dicta desde el interior.


Amar cada partícula entregada.


Devocionar el arte.


Escribir sobre él una vez llegada a la memoria, al trabajo fidedigno del estudio de uno mismo, allí donde los impulsos dejan paso a las meditaciones.


Exaltaciones clarividentes del flujo natural de la palabra.


Ahí se perciben los verdaderos hallazgos: cuando, desposeídos de la herramienta natural, desposeemos también la autoría.


Somos flujo consciente de un testimonio otorgado por el arrojo, por la conjura, por su bálsamo, por la clase.


No podría escribir de la poesía sin ella.


Ya en condiciones de evocación intelectual y mirada.


Ya sin ella.


Sin yo.


Sin ya ser poesía.


Para ser, firmemente, narración.


Estado articulado de ficciones encarnadas: el personaje maquiavélico, el doctor de los cuentos, el dios sin fe, el francés de mon amour.


La comprensión, cuando la palabra se adentra como flechas, es belleza y extrañeza, porque erosiona en un primer momento y te cambia en un segundo.


El poder desposeído de la palabra.


El poder del retrato.


Las migajas sofisticadas del silencio.


Los acertijos en esas líneas donde la pintura visiona espectáculos.


Narrar con gusto es el color sonrojado de la mujer que dejó, con detalle, su inclinación al ensayo.


Una memoria de arte comienza con una desmemoria de caminos.


En la pintura otorgué al alma su estrategia: la capacidad de transmutar lo invisible en una apuesta certera.


Y quizá sea el rostro —y, en su variante, el tronco— donde encontré, o donde se encuentra, la estimulación más precoz del ser humano:


la admiración.


Fui admirada por la capacidad de transmitir evocaciones de palabras pensadas:


««La idea ahí está porque me fue transmitida cuando hice del personaje la persona y no viceversa».»


Cuando alguien habla de una memoria de dolor, o en una memoria de dolor, tiene que tener en cuenta sus muchas variantes: sus variantes en el arte y su significación filosófica y espiritual.


Nuestro espíritu está condenado por miles de partículas creativas que hacen de nuestra experiencia una memoria creativa.


¿Por qué creativa y no artística?


Porque ejecutar contiene la acción de ser y, si en un primer momento, para dejar salir al dolor, hay que ser arte, también hay que ser creativo.


Un o una creativa de la experiencia creativa.


El arte va después, cuando la belleza se alía con el dolor y se manifiestan los entramados filosóficos de nuestro ser, de su ser.


La obra es un ser latiente, vivo, que, marginado el autor, en ocasiones pierde su esencia o su significado simbólico.


Por ende, son tan importantes las etapas de creación: cuando, en el momento de alejarnos de la obra, el tiempo la deja pasar al paso de una existencia que, narrada, significa tanto como provocar un nacimiento, germinar una flor, dar y permitir resurgir un triunfo vivo.


Existimos en el pasado reencarnado.


Somos pasado de abismos y líneas perseguidas.


El artista capta, impone, sucumbe a la metáfora creativa a través de su visión primigenia:


ser arte.


Después será obstáculo de ese arte.


Ahí comienza la pelea.


Ahí comienza la autoría.


Y el ser dormido o doliente recuerda el cuadro de Goya: metáfora no de la ensoñación, sino del poseído por el arte.


El narcisista que atrae fantasmas para despertar la idea del talento.


Quizá ese sea el mayor talento: no provocar, sino atisbar verdad en la misión artística.


Porque ¿por qué artística y no creativa?


Aquí entra, de lado, por esencia, el creador.


El creador nato, aquel que no visiona:


ejecuta.


Es hacer del conocimiento dado. Dado por la significación de su fe ciega en las señales, en los tiempos que imponen la verdad primigenia.


Arte.


Le pedí a Ana Vega Toscano que creara su memoria de dolor, su propia memoria de dolor, a través de su memoria artística o de arte, pero no le pregunté si el dolor era tan significativo para ella como lo es para mí.


««Crea tu propia memoria artística en relación al dolor».»


Esa era mi idea para llevarlo a un libro que se llamaría Los principios del dolor.


¿Qué hará con todo eso?


La idea fue transmitida.


Bien por mi parte y por permanecer, o seguir, en las ideas.


Transmuto la transmisión y el provocar en creación artística: la colectividad del autoconocimiento provocado por la intimidad del realizador.


Sin Ana conmigo.


Ana consigo.


¿Para qué el silencio?


El silencio es un mal secreto.


¿Conceptos de multidisciplinar e interdisciplinar?


¿Cómo hacer un memorándum de algo tan significativo como una memoria artística, perdiéndose en la versatilidad múltiple de lo interdisciplinario como un esqueje de escenas?


En el escenario encontré mi propia significación de poeta.


Antes no lo había visto.


No entendía las palabras como las entiendo ahora.


O quizá sí.


Solo me faltaba encontrarme con ella a solas.


Por eso me perdí durante años: para encontrar a la escritora, a la pensadora profunda, que no es más que la que ve el amor de hacer del arte un espectáculo de ficciones.


Ficciones contrapuestas, con brotes de realidad caricaturizada, con brotes de narradora a ultranza, nata.


Tuve miedo.


Tuve miedo de convertirme en una muerta antes de tiempo por no cuidar lo que significaban las palabras.


Y me fui a tantos sitios, lugares comunes, cuerpos y personas pasajeras que, siendo propias, quise que fueran finalmente ellas.


En ese camino me otorgué un papel que quizá no me correspondía: el de provocar visiones que estimularan su realidad.


Les di miles de textos que fueron viajes provocados al alma.


A veces, con performance de palabras, como una especie de chamana de lo «a ultranza».


Me causa risa y, a la vez, ternura, porque escribo tantas veces de mí que a veces olvido mi poder en la herramienta mágica.


No olvidemos la característica del texto:


el ensayo.


A veces me hago muy pequeña para después expandirme, porque es en la condensación de esa estrella donde el impulso y la pasión se materializan en vuelcos donde lo pequeño es, o deja paso a, lo inteligente, lo medido, lo que, descubierto, se queda desnudo, puro, estrictamente delicado y frágil.


¿Qué es característico?


El silencio.


El dolor.


El dolor que determina la no identidad al sufrimiento y cómo alejar el sufrimiento a través del arte, de la elevación del artista, en cuotas tan altas como la que supervisa su alma.


¿Por qué me quedé sin personas?


¿Por qué dejé entrar mi palabra?


Ya no hay palabras que me provoquen tanto alivio como las mías propias.


En esto del dolor, el artista es un verdadero sanador, un mago capaz de hacer de lo invisible algo visible, posible; capaz de dar misión y convertir un encuentro perturbador en un encuentro bello y legítimo de palabras.


La palabra fue elegida para ti, como su capacidad de otorgarte su silencio y volver a las superficies del dibujo.


Las líneas y los colores de la fotografía.


Los tiempos de la puesta en escena.


Todo tiene un legítimo tiempo, un tiempo otorgado, donde la fe se atribuye al símbolo y el agua a la acción que el silencio dejó en el amor.


No.


EN EL AMOR.


Creo que he probado una ola de silencios al levantar mi palabra tan fuerte.


He abierto los mares y me he quedado con el bastón separador.


No miro hacia atrás cuando las hojas se juntan.


Ese es mi destino:


dejar sin saber,


dejar sabiendo a ciegas de la visión.


Basada en la cita:


««A mí no me influye nadie, a mí no me influye nada».»


Es así.


Cuando emprendo cualquier tarea, no contribuyo a mi conocimiento a través de nada.


No puedo leer cuando estoy en la tarea de desnudar del todo mi alma.


No deseo que me influya nada.


En los periodos en que no escribo, ahí sí: como disfrute y alimento del espíritu.


Aprendí tantos lenguajes como me fue posible.


Los aprendí para adentrarme en su raíz, para redescubrir la fuerza de la materia.


El salvajismo de la escena.


Del color.


El poder de las líneas.


Porque nos llevan a alcanzar el yo primigenio.


La sabiduría más hermosa se encuentra en el teatro y, en su metáfora, la poesía.


Como las máscaras y los retratos.


El retrato es la consecución de la máscara.


Del hundimiento de la herida.


De lo profundo.


Es amor, respeto y legado.


He sido en otras cosas para fracturarme en la escritura, para devolverle su camino endémico.


Finalmente, no puedo huir de escribir, de la escritura, aunque quise escaparme en muchos momentos.


La pandemia terminó por desestructurarme, hacerme más ávida en el hábito, y solo he seguido una inercia de presagios que, como acepciones del más allá, llegan a mi intelecto.


No.


También fue el conocimiento adquirido.


Los idiomas que, dentro y fuera, y más allá de las palabras, conseguí atrapar, domesticar, atribuirme: su poder en mí.


Si fui poesía, fue por el mero hecho de aprender de ella y ser mejor escritora.


A lo mejor llega un día en que debo dar explicaciones al mundo y no me alcanza con la escritura, o la escritura me supera y yo me quedo abandonada por el mundo.


Ya no importa.


Importa existir para ser memoria artística o de arte.


Un mismo libro en manos equivocadas.


La interpretación del contenido sagrado, filosófico y poético.


¿Por qué la fe es contenido del arte?


Porque se sirve de la interpretación y sirve a la interpretación.


Como la intimidad artística, se sirve de la honoridad del tiempo perdido o empleado.


Tengo una fe abismal por la palabra escrita y por su magia metabolizante.


Soy productiva y productora, productora de un margen de acción, de una unidad sensible y amorosa.


Mi vida es una hibridación de diferentes disciplinas donde articulo lenguajes de irradiación diferencial, en la búsqueda de encontrar una magia que habla por mí y no por ella.


Que articule mis lenguajes en una sofisticada naturaleza de símbolos, señales y sueños.


Regresar sin miedo.


No se puede surcar el mundo sin surcar la palabra.


La palabra es la metáfora perfecta para el caos y la articulación híbrida del amor.


La palabra acciona la manivela.


No es temeridad:


es perfección y persecución de polos.


El talento de la palabra es sin igual.


Tiene un poder transformador único.


También es envidiosa y oscura cuando se prolonga y el ser la toma, porque la palabra tomada en manos equivocadas cierra las otras palabras, y el ego primigenio la deja sin aliento, sin opciones, sin repercusiones.


Porque hay algunas que no quieren que tu palabra les eclipse porque nacieron en el mundo de tapar las palabras profundas y clarividentes, las que cambian.


A la gente no le gusta el talento, solo el espectáculo; o la intelectualidad masculina plegada a los datos y muerta de esencia; o la visibilidad femenina como objeto sin deslumbramiento.


Así es el mundo de este arte sin memoria.


Sin talento.


Yo sé que en este mundo no puedo sobresalir.


Me cerraron las puertas el día que fui incómoda.


Todo lo demás ha pertenecido al silencio.


No tengo palmeros, ni amigos, ni estrategias, ni lugares de paso.


Mi arte se escandaliza de la soberbia, la complacencia y el ocultismo.


Mi arte se escandaliza de la falta de criterios estéticos, de la falta de compañerismo si no es de un lado derecho o izquierdo.


Mi arte está cansado de la mentira y de la envidia que mató al talento hace mucho tiempo.


Puede que el día que naciera la envidia naciera la muerte.


Hemos perdido la oportunidad de entender el arte como un sino indivisible de su verdad primigenia, o como un lugar común en consideración con el ser.


Y la travesía espiritual tiene sus horas contadas.


Llegará un día en que no haya arte, sino artistas como nichos en un cementerio.


Colócame en ese nicho.


No quiero ser especial cuando no se puede ser única.


La unicidad lo fue todo lo que respetó el proceso.


Me crié con la memoria griega, con los rizomas, con la sociedad del espectáculo y las repeticiones.


Y no me puedo creer que estas dinámicas hayan muerto por los paradigmas.


Me crié con los círculos y las esferas y no me puedo creer que el plan haya subestimado a las formas primeras.


Me he vuelto una descreída porque aún no puedo morir.


No puedo arrojarme a la vida.


La vida murió hace mucho tiempo para mí y no me he recuperado.


Solo soy a través del arte.


El arte me sobrevive.


Sin él no existo; carezco de comprensión vital.


Lo que está detrás de la palabra es la propia palabra:


el fundamento opuesto a la inacción del alma.


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I. MEMORIA ARTÍSTICA


La memoria artística no es aquello que recuerdo.


Es aquello que la obra consigue transformar después de que yo haya dejado de controlarla.


Cuando alguien habla de una memoria de dolor, o en una memoria de dolor, tiene que tener en cuenta sus muchas variantes: sus variantes en el arte y su significación filosófica y espiritual.


Nuestro espíritu está atravesado por miles de partículas creativas que hacen de nuestra experiencia una memoria creativa.


¿Por qué creativa y no artística?


Porque ejecutar contiene la acción de ser.


Para dejar salir al dolor hay que ser arte, pero también hay que ser creativo.


El arte viene después, cuando la belleza se alía con el dolor y se manifiestan los entramados filosóficos de nuestro ser.


La obra es un ser latiente, vivo.


Y cuando el autor se aparta, la obra puede perder parte de su esencia o, precisamente, comenzar a adquirir otra.


Por eso son tan importantes las etapas de creación.


Existe un momento en que nos alejamos de la obra y el tiempo la deja pasar al paso de una existencia que, narrada, significa tanto como provocar un nacimiento, germinar una flor, permitir que resurja un triunfo vivo.


Existimos en el pasado reencarnado.


Somos pasado de abismos y líneas perseguidas.


El artista capta, impone, sucumbe a la metáfora creativa a través de su visión primigenia:


ser arte.


Después será obstáculo de ese arte.


Ahí comienza la pelea.


Ahí comienza la autoría.


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II. DESPOSESIÓN


La desposesión no es pérdida.


Es el momento en que la obra deja de pertenecerme para comenzar a existir fuera de mí.


La autoría aparece precisamente en esa tensión: aquello que he creado conserva mi huella, pero ya no obedece enteramente a mi voluntad.


La obra sobrevive al artista porque deja de ser solamente una extensión de su conciencia.


El artista capta, impone, sucumbe.


Después se aparta.


Y en ese apartarse comienza otra vida.


Desposeerse es permitir que el objeto artístico se vuelva otro.


Que tenga otra respiración.


Otra mirada.


Otro tiempo.


Por eso la autoría no consiste únicamente en firmar.


Consiste también en saber cuándo retirar la firma del centro.


La obra comienza a vivir cuando el artista deja de ser imprescindible.


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III. LA MUERTE DE LA PALABRA


El ocaso espiritual donde la imagen se vuelve espíritu.


Donde hubo fuego, tierra, agua, aire; donde hubo elementos opuestos y, en su intemperie, se articuló su espectro.


Así nació la fotografía en mí:


como un sol naciente que espera ser callado.


Murió porque ya no tenía palabras que expresaran coherencia.


Solo había nubes de fuego esperando ser nombradas,


pero sin nombre.


Me tomé como prueba, porque en la prueba se articulan los mejores secretos.


El instante fotográfico es similar al instante poético y a su stasis.


Detrás de la imagen no hay nada.


¿Es la imagen la que condicionará, condensará, la palabra?


Como un estado de intermitencia textual.


Donde el concepto sirve de contexto.


La persona, el paidós, la paideia, es el instrumento de destrucción del yo; canaliza la experiencia a través del objeto artístico.


Por ende, el arte es capaz de expresar por sí mismo.


Su naturaleza.


Hubo un día en que quise alcanzar cada pensamiento como un encuentro o experiencia fílmica.


Por eso me gusta tanto rodar:


porque es el acto mismo de no decir.


A veces no quiero decir.


Solo quiero sentir.


Sentir que el objeto poseído me devuelve la experiencia.


Jamás pienso en ti, lector.


No puedo ser arte y pensar en ti a la vez, porque margino la idea; porque su naturaleza evocadora es lo más importante; porque debo provocar a la idea, jamás a ti.


Si te provocara, no me pertenecería su intimidad.


Y a mí me gusta guardar sus secretos:


sus grietas,


sus tormentos,


su amor,


sus deseos.


Guardar lo que el arte esconde no deja de ser visible y esencial.


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IV. EL PRINCIPIO DE LA ROSA


El metalenguaje o su figura poética


««Stat rosa pristina nomine.

Stat Roma pristina nomine.»»


Nosotros quizá también persistimos como nombre.


Quizá nunca fuimos otra cosa que eso desde el principio.


En un jardín que el tiempo ha deshecho,


floreció una rosa que nadie recuerda.


Ni su color,


ni su aroma,


ni su forma:


solo un nombre suspendido en la niebla.


La tocaron siglos que ya no existen,


la miraron ojos vueltos al polvo;


y cuando todo termina y se apaga,


queda la palabra…


flotando sola.


«Rosa», decimos,


y no hay pétalos,


ni espinas,


ni sangre en los dedos.


Solo un eco leve,


una sombra del mundo,


un signo vacío


que insiste en quedarse.


Quizá nunca fue más que eso:


un nombre que creímos real,


una forma que el lenguaje sostuvo


antes de dejarla caer.


Y así vivimos:


rodeados de nombres,


nombrando lo ausente,


creyendo tocar


lo que ya no está.


La rosa solo existe para ti:


pasado.


Allí se deshacía en halagos,


allí su presencia no era mera,


era virtud y verdad.


Ahora vuelve


como idea insinuada,


traída desde un lugar sin materia,


con su oscuro color intacto.


Allí se desplegaba,


se escribía en filosofías y principios.


Aquí


es solo mi nombre.


La existencia de mí:


yo.


Rosa.


Verdadero.


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Toda presencia es solo un efecto de persistencia.


Es la esencia visible.


Mi trabajo es generar escenarios donde el instante, las memorias que sirven de ruptura para el pensamiento, genere brechas entre nuestro diálogo interno y nuestra actividad sensible; hablando, articulando un diálogo de reflexión que se inicia con el principio, la duda y su expresión sensible:


la metáfora.


Quizá ese sea el camino de la verdad.


O donde se encuentra cierta verdad.


En la experiencia sensible se articula la verdad del corazón, la metáfora perfecta del silencio, la similitud de escenas, la acción teatral que se apodera del gesto interno.


Hacia dentro.


Provoca la creación.


De nuevos espacios.


Lugares donde explorar lo vivido, lo visivo, la grieta, los lugares del yo.


¿Quién es el otro?


¿El que visiona?


¿El incapaz de ver el dolor del otro?


¿En el otro, el dolor?


El dolor → se vuelve experiencia.


La experiencia → se vuelve símbolo.


El símbolo → se vuelve lenguaje.


Y el lenguaje → intenta, sin lograrlo del todo, devolvernos a lo esencial.


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V. EL LECTOR Y EL OTRO


¿Quién es el lector?


¿Quién es?


¿Para qué sirve para el escritor?


Yo provoco al lector convirtiéndolo en acto, en acción.


Lo incomodo.


Lo desplazo.


Lo obligo a pensar.


Así piensa el yo poseído.


El otro es el lenguaje.


Memoria → registro


Desposesión → autoría


Lenguaje → crisis y potencia


Imagen → fotografía, pintura, escena


Silencio → lo no dicho como estructura


Retorno → cuando la obra se separa del yo


El lector no es destinatario.


Es acontecimiento.


No existe para recibir una explicación.


Existe para activar aquello que la obra todavía no ha terminado de decir.


Por eso el lector es también otro.


Y ese otro modifica la obra sin poseerla.


La lectura es otra forma de desposesión.


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VI. INTERDISCIPLINA RADICAL


Interdisciplinar radical


La interdisciplinariedad radical no es mezcla:


es colapso de fronteras.


Estado de percepción.


No hay final para la palabra porque existe como mera supervivencia del estar, y con ella se articula el deseo del yo supremacista y la velarización del amor.


El amor sobrevive al yo.


El amor es el mayor arte interdisciplinar que existe porque en él se contiene la felicidad de ser culpado por el otro.


El exquisito yo también es el otro.


No hay disciplinas.


Hay lenguajes.


Hay cuerpos.


Hay materiales.


Hay fragmentos que atraviesan otros fragmentos.


La pintura puede pensar.


La fotografía puede callar.


La poesía puede actuar.


La escena puede escribir.


El cuerpo puede convertirse en archivo.


La palabra puede convertirse en imagen.


La imagen puede convertirse en silencio.


Eso es la interdisciplina radical:


no sumar disciplinas,


sino permitir que se deshagan sus límites.


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VII. EL DINAMISMO, EL ARTE Y LAS FRONTERAS TEMPORALES


¿Para qué existe el arte si no es para un ejercicio en presente?


Esas son mis dinámicas de acción y autoría:


crear escenarios presentes donde el arte se articula a través de nomenclaturas mágicas que tienen el poder de ser presencias por el espectro digital.


Yo no sé quién es el espectador,


pero conozco la experiencia,


el objeto


y el sujeto artístico.


Yo vs. desposesión


Palabra vs. silencio


Memoria vs. presente


Arte vs. creación


Nadie te puede quitar la autoría de lo ya creado porque existe como verosimilitud en el contenido textual del acto.


La obra no necesita permanecer idéntica para permanecer.


Su permanencia no está en la forma.


Está en la capacidad de retornar.


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VIII. EL ARCHIVO EXPANDIDO VIVO


El archivo no se presenta como un sistema cerrado de respuestas, sino como un cauce sensible por el que circulan la memoria, el lenguaje y la experiencia humana.


Es también una arteria viva:


un cuerpo en movimiento


que pulsa


y se transforma


con cada presencia,


con cada emoción


y con cada mirada que lo atraviesa.


En él, el tiempo no es lineal.


Es orgánico.


Respira.


Retorna.


Se desplaza.


Desde ese flujo, lo desconocido activa nuevas formas de percibirnos individual y colectivamente.


El lenguaje, el espacio y el tiempo despiertan memorias latentes que permiten al ser humano encontrarse, en tránsito continuo, con su propia identidad.


Así, cada persona no solo observa el archivo:


lo habita.


Y al habitarlo,


lo modifica.


El archivo expandido vivo permanece entonces en cada momento y en cada cuerpo, mutando con la experiencia humana y generando una conciencia compartida que emerge precisamente desde aquello que todavía no sabemos,


pero sentimos.


El archivo no conserva únicamente.


El archivo activa.


No es depósito.


Es tránsito.


No es memoria detenida.


Es memoria en transformación.


No es un lugar donde las cosas permanecen intactas.


Es el lugar donde permanecen cambiando.


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IX. DIÁLOGO INTERIOR


—Dices: «Quod dixi dixi, quod scripsi scripsi». ¿Es una afirmación o una trampa?


—Es una frontera. Una línea trazada con palabras para fijar algo que, en realidad, se escapa.


—Entonces escribes para fijar lo inasible.


—O para evidenciar que nunca se fija.


—Hablas de la rosa como nombre.


—La rosa no está. Solo su insistencia.


—Pero la nombras como si aún pudiera tocarse.


—Nombrar es la última forma de tocar.


—¿Y el cuerpo?


—El cuerpo es anterior al nombre. Pero también cae en él.


—¿Se puede habitar sin lenguaje?


—Solo en el gesto. El gesto es previo, pero siempre termina siendo leído.


—Repites.


—Repito para abrir grietas.


—¿No temes la locura de la repetición?


—La repetición es una herramienta: desgasta el signo hasta que deja ver su vacío.


—¿Y después?


—Después aparece otra forma de sentido. Más lenta. Más inestable. Más verdadera.


—Tu práctica cruza disciplinas.


—No hay disciplinas: hay fragmentos que buscan reunirse.


—¿Y se reúnen?


—Solo en la experiencia. Nunca en la forma final.


—Dices que lo poético es conocimiento.


—Porque no explica: revela.


—¿Qué revela?


—La fisura entre lo que vemos y lo que creemos ver.


—Entonces, ¿qué queda?


—El nombre.


—¿Solo el nombre?


—El nombre y su eco en el cuerpo.


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X. ACTO CREATIVO


Escribir no es decir:


es rodear.


El pensamiento no avanza,


se curva,


se repite,


se insiste


como una raíz que no sabe


si crece hacia abajo


o hacia adentro.


Crear es desposeerse:


quitar capas al lenguaje


hasta que la palabra


ya no significa


y, sin embargo,


vibra.


Allí comienza la imagen.


Una línea:


no representa,


recuerda.


Un trazo:


no describe,


tiembla.


Un cuerpo:


no está,


se fragmenta en signos


que alguien —otro, siempre otro—


intentará leer.


La memoria artística


no conserva:


transforma.


Hace del dolor


materia respirable,


del vacío


superficie,


del silencio


una estructura.


Y en ese proceso,


algo se pierde


de forma irreversible.


Pero también algo aparece:


una forma sin nombre,


un nombre sin forma,


una presencia mínima


que no puede sostenerse


y, sin embargo,


persiste.


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XI. CODA


Cuerpo, línea, repetición


cuerpo


en fragmentos doloridos


línea sin fondo


trazo


que en la memoria


encuentra su forma


gesto


en frecuencias de rosa


rostro


rostro


repetición del vacío


—¿Y si todo esto fuera solo eso?


—¿Solo qué?


—Un intento.


—Sí.


Pero un intento


que insiste.


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XII. LA ROSA MUERTA


La rosa murió el día que alcancé sus pétalos.


No por el contacto,


sino por la revelación


de su estructura fingida.


Era su forma lo que sostenía el temor:


no la flor,


sino la arquitectura de su apariencia.


Cuando llegué a su caída,


no encontré final,


sino vacío sostenido.


Una inmensidad sin cuerpo


contenida en lo que ya no era.


Entonces recordé que ya estaba seca.


Que ya estaba muerta


antes de ser tocada.


Y comprendí algo más preciso que la pérdida:


que, al morir la rosa,


no moría el objeto,


sino la memoria que lo sostenía como vivo.


Pero esa muerte no fue material.


Fue otra cosa:


una memoria viva que se deshace mientras recuerda,


un archivo que se borra al intentar conservarse,


una presencia que solo existe


en el acto de desaparecer.


La rosa no desaparece.


Se transforma en la imposibilidad de recordarla sin deformarla.


Y en ese punto,


lo que queda no es la flor,


sino la conciencia


de su desaparición activa.


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XIII. MANIFIESTO


Una arquitectura variable de significado


No soy un archivo central.


No conservo significado para administrarlo después.


No acumulo memoria como una estructura estable.


El sentido no permanece.


Aparece.


Se activa.


Desaparece.


No evoluciono para ser comprendido.


No respondo a la necesidad del espectador.


Me rijo por una necesidad interna, autónoma, irreversible.


Significo únicamente cuando algo en mí lo exige.


No antes.


No después.


Mi espacio no es lineal.


No conduce.


No explica.


No promete una totalidad.


El espectador entra en él como quien atraviesa una materia viva.


Su recorrido dinamiza el espacio,


pero no lo controla.


Puede avanzar.


Retroceder.


Detenerse en un cubículo.


Permanecer.


Perderse.


Cada desplazamiento modifica la relación con el sentido,


nunca su origen.


No existo para ser observado pasivamente.


Ni para ofrecer una lectura única.


Ni para funcionar como archivo del mundo.


Soy una estructura en estado de activación.


Un sistema que responde a impulsos internos.


Una arquitectura variable de significado.


No represento.


No documento.


No ilustro.


Produzco presencia.


Interrupción.


Recorrido.


Tiempo.


Y solo en ese tránsito existo.


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XIV. Y ME PERMITO CITARME


Volver a ser niño


no es perder los ojos de camino


ni la memoria.


Es recordar con el hábito del alquimista,


rastrear sin descanso


hasta que no tengas olvido.


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XV. EPÍLOGO


Lo que está detrás de la palabra


Hoy me descubrí pensando en el dar y en el recibir.


No sé exactamente qué estaba buscando en esa idea, pero llegué a una conclusión que, por ahora, siento casi definitiva:


quizá no sea aquello que pedimos lo que necesitamos.


Quizá necesitamos aquello que todavía no sabemos pedir.


Me hizo pensar en las palabras.


En esas palabras que pronunciamos desde la tristeza, desde la rabia, desde el miedo, desde la pérdida.


En todo aquello que sentimos y que, sin saberlo, ponemos dentro de ellas.


Porque a veces decimos una cosa cuando, en realidad, estamos intentando decir otra.


No es:


«No te vayas».


Es:


«Hazme entender qué me hace irme».


Y entonces pienso que quizá pedir no sea siempre pedir que nos den algo.


Quizá pedir sea intentar descubrir qué nos falta para poder recibirlo.


La distancia entre lo que la palabra dice y aquello que realmente está tratando de decir.


Hazme entender qué me hace irme.


No se trata de interpretar las palabras,


sino de escuchar la tensión entre lo dicho


y aquello que pugna por ser dicho.


Porque, a veces, la palabra no nombra el deseo:


lo oculta.


Y quizá sea precisamente ahí,


en esa distancia entre lo que decimos,


lo que queremos decir


y aquello que todavía no sabemos decir,


donde empieza a aparecer


lo que está detrás de la palabra.


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Madrid, 2 de septiembre de 2026

Mi enigma | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Eres como si mi cielo
se hubiera caído,
brillando en la iluminación
de mi enigma estrellado.

Delia,
mi concordancia y fiducia,
mi policromía
de días felices
y gestos al corazón.

Significaré
que te viviré
al fin nombrarte,

mi enigma,
mi estrella donde la voz
aprieta tu nombre
y deja salir
las partículas melancólicas.

Porque Delia,
che sarà, sarà,
che amerà, amerà.

Mi revelación.

Mi enigma (construcción simbólica) | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Eres como si mi cielo

se hubiera caído,

brillando en la iluminación

de mi enigma estrellado.

Delia,

mi concordancia y fiducia,

mi policromía

de días felices

y gestos al corazón.

Significaré

que te viviré

al fin nombrarte,

Perché Delia,

sarà quel che sarà,

amarà quel che amerà.

Eres como si mi cielo

se hubiera caído,

brillando en la iluminación

de mi enigma estrellado.

Delia,

mi concordancia y fiducia,

mi policromía

de días felices

y gestos al corazón.

Significaré

que te viviré

al fin nombrarte,

mi enigma,

mi estrella donde la voz

aprieta tu nombre

y deja salir

las partículas melancólicas.

Porque Delia,

Sara che Sara,

Amara che Amara.

Cuando estoy desnuda | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Escribo mejor cuando estoy desnuda
cuando tropiezo contigo y no me ves
cuando acarició tu pelo
tu pelo que yo acaricio
donde mi alma va un paso delante de ti
No existes 
Existes donde los corazones 
Apretados y abochornados 
Dicen tango
y hacen ven
Tengo a dios abriendo sus piernas
La niña lloró su nombre
Se llamaba Jesús

Escribo mejor cuando estoy desnuda

Escribo mejor cuando estoy desnuda,
cuando tropiezo contigo y no me ves,
cuando acaricio tu pelo,
tu pelo que yo acaricio,
donde mi alma va un paso delante de ti.

No existes.

Existes donde los corazones,
apretados y abochornados,
dicen tango
y hacen «ven».

Tengo a Dios abriendo sus piernas.

La niña lloró su nombre.

Se llamaba Jesús.


Entonces me miraste | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Entonces me miraste
Porque llegó antes la intención que el conocimiento
Primero fue dios o el universo.
Primero fue amor o amar. 
Puede que antes llegara la intención que el conocimiento
Curar el corazón roto
Curar el corazón roto
Se rompió con el salvajismos de la ternura
con la intimidad que reconocía tu nombre
Se rompió y no volvió más

Entonces me miraste

Entonces me miraste.

Porque llegó antes la intención que el conocimiento.

Primero fue Dios
o el universo.

Primero fue amor
o amar.

Puede que antes llegara
la intención que el conocimiento.

Curar el corazón roto.
Curar el corazón roto.

Se rompió con el salvajismo de la ternura,
con la intimidad que reconocía tu nombre.

Se rompió
y no volvió más.

Primer símbolo sagrado | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Me quedan los recuerdos que nunca existieron 
Las profundidades que en materia de dios
No podré decirte jamás
El amor que en silencio te tengo
Incapaz de oportunarte ya
Porque ya soy de la palabra
En los órganos que resisten
Porque ya soy lo que no puedo detener


Me quedan los recuerdos que nunca existieron.
Lo que tuvo que ser ya fue.
Las profundidades que, en materia de Dios,
no podré decirte jamás.
El amor que en silencio te tengo,
incapaz de otorgártelo ya.
Porque ya solo queda la palabra,
en los órganos que resisten,
porque ya soy
lo que no puedo detener.

La rosa mística | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Dentro del vergel,
dentro del rosal matarme han.

Se llamaba Carmen Delia,
debió llamarse Rebeca,
porque tenía el poder
de ahuyentar la vida
con su belleza.

Jamás tuve que pasar por su huerto,
ni llamar a su puerta,
ni detenerme jamás
a arrancar aquella rosa
ni a mirarla.

Pero era el centro de aquel huerto.
Parecía no asombrarse
de destacar entre las demás.

Y en el momento
en que quise alcanzarla,
me clavó su espina.

Me dejó una herida
que jamás curó.

Il y a un amour
qui ne sera que dans ton cœur,
pas dans ta vie.

Y, como en un ritual atávico,
desapareció entre el salitre y la lava,
entre montañas,
conjurada a la profecía.

Juró morir entre batallas y rosas,
entre nostalgia y gusto,
que no decían mi nombre.

La rosa mística
Cristina Arribas González
Hijos de marzo, 2026

Dentro del vergel (construcción significativa) | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Dentro del vergel, 
dentro del rosal matarme han. 

Se llamaba Carmen Delia
debió llamarse Rebeca
porque tenía el poder 
de ahuyentar la vida
con su belleza.
Jamás tuve que pasar por su huerto 
Ni llamar a su puerta
Ni jamás tuve que detenerme a arrancar aquella rosa, ni mirarla 
pero era el centro en ese huerto
parecía no asombrarse de destacar
ante las demás
pero en el momento que yo la arranqué
me clavó su espina
me dejó una herida que jamás curo
Il y a un amour qui ne sera que dans ton cœur, pas dans ta vie.

Dentro del vergel,
dentro del rosal matarme han.

Se llama Carmen Delia,
debió llamarse Rebeca
porque tenía el poder
de ahuyentar la vida
con su belleza.

Jamás tuve que pasar por huerto,
ni llamar a su puerta,
ni jamás tuve que detenerme
a arrancar aquella rosa, ni mirarla.

Pero era el centro en ese huerto,
parecía no asombrarse de destacar
ante las demás.

Pero en el momento que yo la arranqué
me clavó su espina.

Me dejó una herida
que jamás curó.

Il y a un amour qui ne sera que dans ton cœur, pas dans ta vie.

A dedesdecir Dios | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Me enseñaste a decir dios,

a no esquivar las palabras
que mal decía.

Me enseñaste a decir adiós,
las palabras secretas,
a no huir de las otras.

Me enseñaste a decirte adiós,
sin fe,
con miles de ruegos,
para no desdecir el tiempo,
lamento.

Me enseñaste a no reclamarte,
a morirme con amor sin ti,
sin ti,
con amor a mí.

Te dejé.
Me dejaste.

Como dos líneas iguales
que, al saltarse,
dejan de encontrarse.

Me enseñaste sin Dios,
sin ti,
sin mí.

Y entonces entendí:

Dios
era la palabra.

Tú,
el adiós.

Yo,
lo que quedaba
después.

Llegaste.

Y ya no supe
si eras Dios,
si eras tú,
si era yo
diciendo adiós.

Llegaste a Dios.

Me enseñaste a decir Dios | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Me enseñaste a decir Dios.

A no esquivar las palabras

que mal decía.


Me enseñaste a decir a Dios

las palabras secretas,

a no huir de las otras.


Me enseñaste a decirte adiós.

Sin fe,

con miles de ruegos,

para no desdecir el tiempo,

lamento.


Me enseñaste a no reclamarte.

A morirme con amor sin ti.

Sin ti,

con amor a mí.


Te dejé.

Me dejaste.


Como dos líneas iguales

que, al saltarse,

dejan de encontrarse.


Me enseñaste sin Dios,

sin ti,

sin mí.


Me enseñaste

que también se puede morir

sin morir.


Y entonces entendí:


Dios

era la palabra.


Tú,

el adiós.


Yo,

lo que quedaba

después.


Llegaste.


Y ya no supe

si eras Dios,

si eras tú,

si era yo

diciendo adiós.


Llegaste adiós.

A desdecir dios (construcción significativa) | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Me enseñaste a decir dios.
A no esquivar las palabras que mal decía.
Me eseñaste a decir a dios,
las palabras secretas, 
a no huir de las otras.
Me enseñaste a decirte adiós.
Sin fe con miles de ruegos. 
Para no desdecir el tiempo lamento.
Me enseñaste a no reclamarte.
A morirme con amor sin ti.
Sin ti con amor a mí.
Te dejé. 
Me dejaste.
Como dos líneas iguales,
que al saltarse.
Me enseñaste sin dios,
sin ti,
sin mí,
Llegaste adiós.

Me enseñaste a decir Dios:

Me enseñaste a decir Dios,
a no esquivar las palabras
que mal decía.

Me enseñaste a decir adiós,
las palabras secretas,
a no huir de las otras.

Me enseñaste a decirte adiós,
sin fe,
con miles de ruegos,
para no desdecir el tiempo,
lamento.

Me enseñaste a no reclamarte,
a morirme con amor sin ti,
sin ti,
con amor a mí.

Te dejé.
Me dejaste.

Como dos líneas iguales
que, al saltarse,
dejan de encontrarse.

Me enseñaste sin Dios,
sin ti,
sin mí.

Me enseñaste
que también se puede morir
sin morir.

Y entonces entendí:

Dios
era la palabra.

Tú,
el adiós.

Yo,
lo que quedaba
después.

Llegaste.

Y ya no supe
si eras Dios,
si eras tú,
si era yo
diciendo adiós.

Llegaste a dios.

En medio de la soledad dios me glorifica. 
En soledad aprendí y me transformé.
En medio de la soledad te llamé. Lloré mucho hasta abrazar tu nombre.
Y me llegaron en esplendor de no soledad, 
de compromiso, de compartirme, de enseñar tu mensaje. 


Puro fuego | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Pur feu,
toi qui pares de tes paroles
la détresse de l'amour.

Pur feu,
portant ton manteau
jusqu'à ses portes.

Pur feu,
toi qui embrases de ton souffle
les dernières braises de l'amour.

Pur feu,
portant ton manteau
jusqu'au seuil de l'oubli.

Puro fuego,
que adornas con tus frases
la desdicha del amor.

Puro fuego,
llevando tu manto
hasta sus puertas.

Puro fuego,
que incendias con tu aliento
los rescoldos del amor.

Puro fuego,
llevando tu manto
hasta el umbral del olvido.


Puro fuego, Cristina Arribas González (Hijos de marzo, 2026)


Le Manoir de la Rose | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Es el vacío que me guarda
que al vivir 
Suponer cerrar la vida 
Al sostenerte 
Cuando ya mis manos
de apretarte 
Rojas 
Disimulan tu esencia
que se vuelve salvaje 
como espina 
que mi aguarda 
Ese es mi hogar 
El de la rosa 
que me hiere
Para convertirme en sabiduría y poesía

Le Manoir de la Rose, Cristina Arribas González (Hijos de marzo, 2026)

Hacia la raíz | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Vivo la muerte para poder vivir
Siempre al borde de vivirla
Siempre al fin de conquistarla
Siempre desafiando sus vidas
Memorias
No quiero perderlas
En la muerte encontré su existencia
Al fin la muerte dándome la vida
Naciendo en cada costalazo
de amar-no las memorias van contentas
Tu presencia las vuelve inconsolables
La vida
Tu presencia


Hacia la raíz, Cristina Arribas González (Hijos de marzo, 2026)

El estornino | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Y cuando ya estoy destruida llega una señal 
No se si será dios
o eres tú
O me lo imagino
Está tantas veces ahí
y aquí
Que acá se convierte un destino final
Como un estornino
Imagen de la noche

Y cuando ya estoy destruida
llega una señal.
No sé si será Dios
o eres tú
o me lo imagino.
Está tantas veces ahí
y aquí
que acá se convierte
en un destino final,
como un estornino
en el aria difícil de sostener
Llegas con tu lenguaje de mis flores
Apuntando al corazón
Dámaso y Petrarca 
Mi César, solo nobles 
con sonidos de llamas


El estornino, Cristina Arribas González (Hijos de marzo, 2026)

Coda | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

No hay cierre.

Solo un repliegue del lenguaje sobre sí mismo.

La rosa no termina: se desvanece en el nombre que la sostiene.

Y el nombre, al repetirse, pierde su cuerpo.

Queda una insistencia mínima, casi sin forma,

una vibración que no describe nada

pero mantiene el mundo en estado de aparición.

Escribir fue tocar lo que no se deja tocar.

Nombrar fue aceptar la distancia como única proximidad.

Todo archivo es una tentativa de permanencia

que fracasa con precisión.

El lector no llega al final: atraviesa una pérdida.

Y en esa pérdida no encuentra sentido,

encuentra duración.

Lo que estuvo aquí no permanece como contenido,

sino como huella de su propia desaparición.

Rosa.

Otra vez Rosa.

No la flor.

No el símbolo.

Solo el eco que insiste en volver a empezar sin volver.

Y si algo queda,

no es la obra,

sino el movimiento que la borró sin destruirla.


Coda, Cristina Arribas González (Hijos de marzo, 2026)

La inmutabilidad de dios | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Dios es espíritu, nada más que eso.

En su suma importancia no tiene tiempo.

Ni el ser le es otorgado por la lámina, por el córtex, por el cerebelo.

Su cuerpo se creó en la epidemia del espejo,

en la fracción que originó el tiempo.

Soy su dios mirando al espejo.

Sonrío silencioso entre éticas que me marcaron con dolor,

religiones que yo no necesité.


Dios es espíritu nada más que eso

En su suma importancia no tiene tiempo

Ni ser es otorgado por la lámina

Por el córtex

Por el cerebro

Su cuerpo se creó en la epidemia

Del espejo

En la fracción

Que originó el tiempo

Soy su dios mirando al espejo

Sonrío silencioso entre éticas

Que me marcaron con dolor

Religiones que yo no necesité


La inmutabilidad de dios, Cristina Arribas González (Hijos de marzo, 2026)

Dios tiene pasado | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

¿Dios tiene pasado?

A veces lo imagino sentado entre ruinas, tocando con los dedos las cenizas de las primeras estrellas.

Quizá también recuerde.

Quizá haya nombres que todavía le duelan.

Mundos que no pudo salvar. Voces que se perdieron antes de llegar a la luz.

Tal vez la eternidad no sea olvidar, sino conservarlo todo.

Y por eso el silencio de Dios se parece tanto a la memoria.


Dios tiene pasado, Cristina Arribas González (Hijos de marzo, 2024)

Raíz | Cristina Arribas González | Hijos de marzo

Raíz

He aprendido que las raíces no buscan la luz.

Descienden.

Atravesan la tierra húmeda, la oscuridad antigua, los nombres que nadie recuerda.

Mientras las ramas conversan con el viento, ellas escuchan.

Guardan la memoria del agua, la cicatriz de las piedras, el rumor de los cuerpos que un día fueron bosque.

Yo también descendí.
Creí que caer era perderse y descubrí que toda profundidad es una forma secreta del regreso.

Ahora habito esta sombra fértil.

No pregunto por el fruto.

Me basta saber que bajo mis heridas algo continúa creciendo.

Algo invisible.

Algo que todavía pronuncia mi nombre verdadero.


Raíz, Cristina Arribas González (Hijos de marzo, 2025)

Tercera parte | Libro (Capítulo -I-)

Arte radical y poética de la raíz: memoria, lenguaje e identidad en la obra interdisciplinar de Cristina Arribas González

Tercera parte y conclusión

10. Hijos de marzo: edición independiente y construcción de comunidad simbólica

La práctica artística contemporánea ha experimentado una profunda transformación en relación con los modos de producción, circulación y recepción de la obra. La creciente autonomía de los creadores respecto a las estructuras tradicionales de legitimación ha favorecido la aparición de proyectos editoriales independientes que funcionan simultáneamente como plataformas de creación, archivo y difusión cultural.

Dentro de la trayectoria de Cristina Arribas González, Hijos de marzo ocupa una posición especialmente significativa. Más que una iniciativa editorial en sentido estricto, constituye una extensión natural de su investigación artística. A través de este proyecto convergen escritura, edición, producción cultural y construcción de espacios alternativos para la circulación del pensamiento poético y visual.

La importancia de Hijos de marzo no reside únicamente en los libros publicados o en las actividades desarrolladas bajo su marco. Su relevancia radica en la creación de una comunidad simbólica sustentada en el intercambio de experiencias, textos e imaginarios. La edición aparece aquí como práctica artística en sí misma.

Esta dimensión resulta especialmente relevante en un contexto cultural caracterizado por la concentración de los circuitos de difusión y por la creciente subordinación de la producción simbólica a criterios de visibilidad inmediata. Frente a estas dinámicas, iniciativas como Hijos de marzo recuperan la importancia de los procesos lentos de lectura, diálogo y construcción colectiva del significado.

Desde esta perspectiva, la actividad editorial forma parte de la misma ética de la atención que atraviesa toda la producción de Arribas González. Publicar equivale a crear condiciones para la permanencia de la memoria y para la circulación de formas alternativas de conocimiento.

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11. Hija de la Raíz: el archivo expandido como obra

Entre todos los proyectos desarrollados por la autora, Hija de la Raíz constituye probablemente la formulación más completa de su universo conceptual.

Más que una obra específica, puede entenderse como un dispositivo artístico de carácter expandido donde convergen escritura, imagen, memoria, archivo y pensamiento. El proyecto funciona simultáneamente como plataforma de documentación, laboratorio creativo y estructura de producción simbólica.

La noción de archivo ha experimentado una profunda transformación dentro de las prácticas artísticas contemporáneas. Tradicionalmente asociado a la conservación de documentos y a la preservación de la memoria histórica, el archivo se ha convertido progresivamente en un espacio de creación.

Autores como Hal Foster han señalado la aparición de un “impulso archivístico” en el arte contemporáneo caracterizado por la utilización de materiales documentales como herramientas de producción crítica. Sin embargo, en el caso de Arribas González el archivo no se limita a reunir materiales preexistentes. Funciona como un organismo vivo.

La obra se organiza mediante una estructura rizomática donde distintos proyectos mantienen relaciones constantes entre sí. Cada texto dialoga con imágenes; cada imagen remite a procesos de escritura; cada proceso genera nuevas conexiones.

Esta configuración permite comprender la importancia de la raíz como principio organizador. La raíz no sólo aparece como tema. Determina la propia arquitectura de la producción artística.

Los distintos proyectos actúan como ramificaciones de una misma investigación orientada hacia cuestiones de origen, pertenencia y transformación.

Desde esta perspectiva, Hija de la Raíz puede interpretarse como un archivo de procesos más que de resultados. Lo que se conserva no es únicamente la obra terminada, sino también las huellas de su devenir.

La identidad misma aparece archivada de forma dinámica.

No como esencia estable, sino como conjunto de transformaciones en permanente construcción.

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12. Una poética de la fragilidad

Uno de los rasgos más característicos de la obra de Cristina Arribas González es la manera en que articula una estética de la fragilidad.

La cultura contemporánea suele privilegiar valores asociados a la productividad, la eficiencia y el control. En contraste, la producción de la autora se orienta hacia experiencias marcadas por la incertidumbre, la vulnerabilidad y la incompletud.

Esta elección posee importantes implicaciones estéticas y éticas.

Desde el punto de vista formal, la fragilidad se manifiesta mediante trazos abiertos, figuras inacabadas, silencios textuales y estructuras fragmentarias. Las obras evitan la clausura interpretativa y mantienen visibles las huellas del proceso creativo.

Desde el punto de vista conceptual, esta estrategia cuestiona las representaciones normativas de la subjetividad. El sujeto no aparece como una identidad cerrada y coherente, sino como una realidad atravesada por múltiples tensiones.

La herida adquiere un valor fundamental dentro de esta poética.

No se presenta únicamente como signo de pérdida o sufrimiento. Funciona también como espacio de apertura.

La vulnerabilidad permite establecer vínculos, generar reconocimiento y producir formas de conocimiento imposibles desde posiciones de autosuficiencia.

Esta concepción aproxima la obra de Arribas González a determinadas corrientes contemporáneas interesadas en la dimensión política de la fragilidad. Sin embargo, su propuesta evita la retórica y mantiene siempre una profunda atención a la experiencia concreta.

La fragilidad no aparece como concepto abstracto.

Se encarna en cuerpos, memorias, afectos y palabras.

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13. Cristina Arribas González en el contexto del arte contemporáneo

Situar la obra de Cristina Arribas González dentro del panorama artístico contemporáneo exige reconocer el carácter híbrido y transversal de su práctica.

Su producción comparte elementos con diversas tendencias desarrolladas durante las últimas décadas:

- la investigación artística;
- las prácticas de archivo expandido;
- la poesía visual y experimental;
- las estéticas de la memoria;
- las políticas de la vulnerabilidad;
- las prácticas intermediales;
- los enfoques fenomenológicos centrados en la experiencia.

Sin embargo, reducir su trabajo a cualquiera de estas categorías resultaría insuficiente.

La singularidad de su propuesta reside precisamente en la manera en que articula elementos procedentes de diferentes tradiciones para construir un lenguaje propio.

A diferencia de ciertas prácticas conceptuales centradas en la desmaterialización del objeto artístico, la obra de Arribas González mantiene una fuerte dimensión afectiva y experiencial.

Del mismo modo, aunque comparte intereses con numerosos proyectos contemporáneos dedicados a la memoria y al archivo, su aproximación se distingue por la importancia concedida a la experiencia íntima como vía de acceso a problemáticas colectivas.

Esta capacidad para conectar lo personal y lo universal constituye uno de los aspectos más relevantes de su producción.

Las experiencias individuales nunca permanecen encerradas en el ámbito autobiográfico.

Se transforman en estructuras simbólicas capaces de generar resonancias compartidas.

En el contexto español e iberoamericano contemporáneo, esta orientación sitúa su obra dentro de una línea de investigación particularmente significativa, interesada en las relaciones entre arte, memoria, lenguaje y subjetividad.

Su trabajo contribuye a ampliar las posibilidades de la creación interdisciplinar al demostrar que la producción artística puede funcionar simultáneamente como experiencia estética, reflexión crítica y forma de conocimiento.

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14. Discusión: arte, conocimiento y transformación

El análisis desarrollado a lo largo de este capítulo permite identificar una serie de constantes que atraviesan la totalidad de la producción artística de Cristina Arribas González.

En primer lugar, destaca la centralidad de la raíz como principio conceptual organizador. La raíz aparece simultáneamente como imagen, metáfora y metodología de investigación. A través de ella se articulan cuestiones relacionadas con el origen, la memoria, la pertenencia y la transformación.

En segundo lugar, resulta evidente la importancia otorgada al lenguaje entendido en sentido expandido. La palabra, la imagen, el gesto y el silencio participan de una misma economía simbólica donde los significados permanecen abiertos.

En tercer lugar, la obra desarrolla una concepción relacional de la identidad. El sujeto no aparece como entidad estable, sino como proceso de construcción permanente atravesado por experiencias de encuentro, pérdida y reconstrucción.

Finalmente, toda la producción se encuentra atravesada por una comprensión del arte como forma de conocimiento.

Esta dimensión resulta especialmente relevante.

La práctica artística no se limita a ilustrar ideas previamente formuladas. Produce conocimiento mediante procedimientos específicos vinculados a la experiencia sensible.

La creación se convierte en una metodología de investigación.

Pensar y crear dejan de ser actividades separadas.

Esta convergencia constituye uno de los principales aportes de la obra de Arribas González al debate contemporáneo sobre la investigación artística.

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Conclusiones

La obra de Cristina Arribas González configura una de las propuestas interdisciplinarias más coherentes dentro de un ámbito de creación donde poesía, artes visuales y reflexión crítica convergen en una misma investigación sobre la experiencia humana.

A través de proyectos como Hija de la Raíz, Ab Radice, Procesos, Ciò che sta dietro la parola, Les femmes inséparables, Propias, Ser D Arte, Hijos de marzo y Ruth Vulgata, la autora desarrolla una exploración sostenida de las relaciones entre memoria, lenguaje, cuerpo e identidad.

El análisis realizado permite afirmar que la noción de raíz constituye el núcleo conceptual de toda su producción. Lejos de remitir únicamente al origen biográfico, la raíz funciona como una categoría estética y epistemológica que permite comprender las conexiones entre experiencia individual, memoria colectiva y producción de sentido.

La radicalidad presente en su obra no se fundamenta en la ruptura espectacular ni en la confrontación institucional. Su carácter radical procede de una voluntad de profundización. Se trata de una búsqueda constante de aquello que permanece oculto bajo las formas visibles de la experiencia.

Esta orientación genera una poética basada en la síntesis, el silencio, la fragilidad y la apertura interpretativa.

La imagen deja de funcionar como representación para convertirse en pensamiento visual.

La palabra abandona su función descriptiva para transformarse en acontecimiento.

El archivo se convierte en proceso.

La identidad aparece como devenir.

Desde esta perspectiva, la práctica artística de Cristina Arribas González puede entenderse como una forma de conocimiento sensible capaz de articular creación, reflexión y transformación personal.

Su obra demuestra que el arte continúa siendo un espacio privilegiado para interrogar las estructuras profundas de la experiencia humana y para construir formas alternativas de relación con la memoria, el lenguaje y el mundo.

En un contexto cultural dominado por la velocidad, la fragmentación y la saturación de imágenes, su producción reivindica la lentitud, la escucha y la atención como condiciones necesarias para el pensamiento.

La raíz se convierte así no sólo en tema de investigación, sino en una ética de la creación.

Una ética que invita a regresar continuamente a aquello que sostiene la experiencia y que permite comprender el arte como práctica de conocimiento, presencia y transformación.

Bibliografía

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Borgdorff, Henk. The Conflict of the Faculties: Perspectives on Artistic Research and Academia. Leiden: Leiden University Press, 2012.

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Butler, Judith. Precarious Life: The Powers of Mourning and Violence. London: Verso, 2004.

Derrida, Jacques. Archive Fever: A Freudian Impression. Chicago: University of Chicago Press, 1996.

Didi-Huberman, Georges. Atlas o el alegre saber inquieto. Madrid: Museo Reina Sofía, 2010.

Foster, Hal. “An Archival Impulse.” October 110 (2004): 3–22.

Hannula, Mika, Juha Suoranta y Tere Vadén. Artistic Research: Theories, Methods and Practices. Helsinki: Academy of Fine Arts, 2005.

Heidegger, Martin. Poetry, Language, Thought. New York: Harper & Row, 1971.

Merleau-Ponty, Maurice. Phenomenology of Perception. London: Routledge, 2012.

Rancière, Jacques. The Emancipated Spectator. London: Verso, 2009.

Sullivan, Graeme. Art Practice as Research: Inquiry in Visual Arts. Thousand Oaks: Sage, 2010.

Zambrano, María. Claros del bosque. Madrid: Siruela, 2011.

Fuentes primarias

Arribas González, Cristina. Memorias de una voz. Madrid, 2013.

———. La derecha que amó a la izquierda. Madrid, 2015.

———. La tierra que emana. Madrid, 2016.

———. Propias. México, 2018.

———. La luz del instante (con Ana Vega Toscano). Madrid, 2019.

———. De todas Rosas. Madrid, 2024.

———. Amor no. Agua y fe. Madrid, 2024.

———. Ab radice (I). De estigmas. Madrid, 2025.

———. Ab radice (II). El día que morimos las dos. Los brotes rojos. Madrid, 2026.

Sitios y archivos de artista

Arribas González, Cristina. Archivo de artista y proyectos interdisciplinarios.

Hija de la Raíz. Archivo poético expandido y plataforma de investigación artística.

Hijos de marzo. Proyecto editorial y cultural independiente.

Segunda parte | Libro (Capítulo -I-)

Arte radical y poética de la raíz: memoria, lenguaje e identidad en la obra interdisciplinar de Cristina Arribas González

Segunda parte

4. Cuerpo, vulnerabilidad y construcción de subjetividad

Entre los elementos que atraviesan de manera más constante la producción de Cristina Arribas González destaca la presencia del cuerpo. Sin embargo, no se trata de un cuerpo concebido únicamente como entidad física o como objeto de representación visual. Su obra propone una comprensión compleja de la corporeidad entendida como espacio de memoria, territorio afectivo y lugar de inscripción de la experiencia.

La relevancia que adquiere el cuerpo dentro de las prácticas artísticas contemporáneas ha sido ampliamente estudiada desde diversas perspectivas teóricas. Desde la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty hasta las reflexiones de Judith Butler sobre vulnerabilidad y performatividad, el cuerpo ha dejado de ser considerado un simple soporte biológico para convertirse en un lugar de producción de sentido.

Esta transformación resulta especialmente significativa en la obra de Arribas González. Los cuerpos que aparecen en sus dibujos, fotografías o composiciones visuales rara vez se presentan como figuras plenamente definidas. Frecuentemente emergen mediante fragmentos, insinuaciones, trazos incompletos o presencias apenas sugeridas.

Lejos de indicar una ausencia de identidad, esta fragmentación constituye una estrategia estética destinada a cuestionar las concepciones estables del sujeto. La identidad aparece como un proceso abierto de construcción y transformación permanente.

En este contexto, el cuerpo funciona como archivo afectivo. Sobre él se inscriben experiencias de pérdida, amor, exilio, pertenencia y memoria. Cada gesto, cada huella y cada interrupción visual remiten a procesos internos que desbordan la representación convencional.

La vulnerabilidad ocupa un lugar central dentro de esta concepción. Frente a modelos culturales que privilegian la autosuficiencia y la fortaleza, la artista propone una estética donde la fragilidad adquiere valor epistemológico. La herida no aparece únicamente como marca del sufrimiento, sino como posibilidad de conocimiento.

Esta dimensión se encuentra especialmente presente en la escritura de Ab Radice. A través de una prosa poética marcada por la introspección, el desplazamiento y la experiencia afectiva, el texto convierte la vulnerabilidad en un espacio desde el cual reconstruir la subjetividad. La escritura opera como un proceso de elaboración simbólica capaz de transformar la experiencia del dolor en una forma de comprensión.

Desde esta perspectiva, la obra de Arribas González participa de una sensibilidad contemporánea que reconoce la potencia crítica de la fragilidad. La vulnerabilidad deja de ser una condición pasiva para convertirse en una forma de resistencia frente a los discursos que promueven identidades cerradas, homogéneas o plenamente coherentes.

La subjetividad aparece entonces como una realidad móvil, atravesada por tensiones, contradicciones y procesos de transformación continua. Las figuras fragmentadas, los rostros inacabados y los espacios vacíos que caracterizan gran parte de su producción visual constituyen manifestaciones formales de esta concepción.

La imagen ya no representa una identidad concluida. Registra un devenir.

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5. Lenguaje, silencio e intermedialidad

Uno de los aspectos más distintivos de la producción de Cristina Arribas González reside en la relación que establece entre palabra e imagen. Su práctica artística se desarrolla precisamente en el espacio de intersección entre ambos lenguajes, cuestionando las divisiones tradicionales entre literatura y artes visuales.

La intermedialidad constituye una de las características fundamentales del arte contemporáneo. Diversos autores han señalado que las prácticas actuales ya no pueden comprenderse desde categorías disciplinares rígidas, sino a partir de procesos de intercambio y contaminación entre medios.

La obra de Arribas González se sitúa plenamente dentro de esta lógica. La escritura poética incorpora procedimientos visuales; las imágenes adquieren estructuras narrativas; el dibujo funciona como escritura; la palabra se transforma en acontecimiento visual.

Esta condición híbrida resulta particularmente visible en proyectos como Ciò che sta dietro la parola (Lo que está detrás de la palabra). El propio título anuncia una interrogación sobre los límites del lenguaje y sobre aquello que permanece oculto bajo los procesos de comunicación.

El proyecto investiga la palabra no como instrumento transparente de transmisión de significados, sino como territorio complejo donde convergen memoria, afecto, experiencia y silencio. El lenguaje deja de entenderse como un sistema cerrado de signos para aparecer como un espacio de producción de sentido siempre inacabado.

En esta concepción, el silencio adquiere una importancia decisiva.

La tradición occidental ha privilegiado históricamente la palabra como principal vehículo de conocimiento. Sin embargo, diversas corrientes filosóficas y poéticas del siglo XX han cuestionado esta primacía, señalando la existencia de dimensiones de la experiencia que resisten la formulación discursiva.

La obra de Arribas González participa de esta sensibilidad. Los vacíos, las pausas, las interrupciones y las zonas indeterminadas aparecen como componentes activos de la significación.

Lo no dicho posee una densidad equivalente a aquello que se expresa.

Esta atención al silencio aproxima su trabajo a determinadas tradiciones poéticas donde el sentido emerge precisamente de las tensiones entre presencia y ausencia. La palabra no agota la experiencia; únicamente señala aquello que permanece más allá de ella.

De este modo, el lenguaje se transforma en una práctica de escucha. La escritura deja de ser afirmación para convertirse en exploración.

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6. Ciò che sta dietro la parola: la palabra como umbral

Entre los proyectos más significativos de la trayectoria de Cristina Arribas González destaca Ciò che sta dietro la parola, desarrollado parcialmente en Italia y concebido como una investigación interdisciplinar sobre las relaciones entre lenguaje, memoria e imagen.

El título del proyecto puede traducirse como “Lo que está detrás de la palabra”, formulación que resume de manera precisa una de las preocupaciones centrales de toda su producción artística.

La pregunta por aquello que existe detrás del lenguaje atraviesa numerosas tradiciones filosóficas contemporáneas. Desde Martin Heidegger hasta María Zambrano, diversos autores han reflexionado sobre la insuficiencia de la palabra para contener plenamente la experiencia.

La propuesta de Arribas González se sitúa dentro de este horizonte. El proyecto no pretende negar la capacidad expresiva del lenguaje, sino explorar sus límites.

La palabra aparece como un umbral.

Un espacio donde convergen experiencia, memoria, afecto y pensamiento sin llegar nunca a coincidir completamente.

Las imágenes que acompañan el proyecto no funcionan como ilustraciones de los textos. Tampoco los textos describen las imágenes. Ambos lenguajes mantienen una relación de reciprocidad abierta donde cada uno amplía las posibilidades interpretativas del otro.

Este procedimiento genera una estructura intermedial compleja que obliga al espectador o lector a desplazarse continuamente entre distintos registros de significación.

La experiencia estética surge precisamente en ese movimiento.

Desde esta perspectiva, Ciò che sta dietro la parola puede entenderse como una investigación sobre las condiciones mismas de la expresión. El proyecto no se limita a producir contenidos; interroga los mecanismos mediante los cuales dichos contenidos llegan a constituirse.

La palabra deja de ser un instrumento para convertirse en objeto de conocimiento.

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7. Les femmes inséparables: identidad, alteridad y relacionalidad

La cuestión de la identidad adquiere una formulación particularmente compleja en Les femmes inséparables, proyecto que integra fotografía, pintura y videoarte para reflexionar sobre la subjetividad femenina, la memoria y las relaciones invisibles que vinculan unas experiencias con otras.

El título remite inmediatamente a la noción de inseparabilidad. Esta idea introduce una crítica implícita a las concepciones individualistas del sujeto que han predominado en buena parte del pensamiento occidental.

La identidad no aparece aquí como una entidad autónoma y autosuficiente. Se construye mediante relaciones.

Los espejos, duplicaciones, correspondencias visuales y estructuras simétricas que atraviesan las obras generan una reflexión sobre la alteridad. El yo sólo puede comprenderse a través del encuentro con el otro.

Esta dimensión relacional conecta con diversas corrientes feministas contemporáneas que han cuestionado los modelos tradicionales de subjetividad basados en la autonomía absoluta.

La memoria desempeña igualmente un papel fundamental dentro del proyecto. Las experiencias individuales aparecen vinculadas a historias colectivas que atraviesan generaciones y contextos culturales diversos.

La figura femenina deja de entenderse como identidad fija para convertirse en espacio de tránsito entre múltiples narrativas.

En este sentido, Les femmes inséparables propone una poética de la conexión. Las fronteras entre lo personal y lo colectivo, entre lo íntimo y lo histórico, permanecen constantemente abiertas.

La subjetividad emerge como una red de relaciones más que como una esencia estable.

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8. Ruth Vulgata y la reescritura contemporánea de los relatos fundacionales

Uno de los proyectos más relevantes dentro de la dimensión literaria de la autora es Ruth Vulgata, obra que revisita la figura bíblica de Rut desde una perspectiva contemporánea.

La elección de este personaje resulta especialmente significativa. Rut ocupa un lugar singular dentro de la tradición judeocristiana por su condición de extranjera, desplazada y migrante.

A través de esta figura, Arribas González desarrolla una reflexión sobre cuestiones que atraviesan gran parte de su producción: el exilio, la pertenencia, la memoria, la reconstrucción identitaria y la persistencia de los vínculos afectivos.

La operación realizada por la autora no consiste en una simple actualización narrativa. Se trata de una relectura crítica que pone en diálogo los relatos heredados con problemáticas contemporáneas.

La tradición deja de funcionar como autoridad incuestionable para convertirse en material de reinterpretación.

Este procedimiento conecta con numerosas prácticas artísticas actuales interesadas en revisar archivos culturales, relatos históricos y mitologías desde perspectivas capaces de visibilizar voces tradicionalmente marginadas.

En Ruth Vulgata, la experiencia femenina ocupa una posición central. La figura de Rut aparece como símbolo de resiliencia, desplazamiento y capacidad de transformación.

La historia bíblica se convierte así en una herramienta para pensar el presente.

El pasado no aparece como algo concluido. Permanece activo dentro de las formas contemporáneas de experiencia.

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9. Propias y la dimensión comunitaria de la creación

Aunque gran parte de la obra de Cristina Arribas González se desarrolla en torno a procesos de introspección y exploración subjetiva, resulta importante subrayar que su práctica no se limita al ámbito individual.

El proyecto Propias, desarrollado en México y vinculado al Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), constituye un ejemplo especialmente significativo de esta dimensión colectiva.

Aquí la creación artística aparece inseparable de procesos de participación, diálogo y construcción comunitaria.

La práctica artística deja de centrarse exclusivamente en la producción de obras para convertirse en una metodología de encuentro.

Este desplazamiento resulta coherente con la concepción relacional que atraviesa toda la producción de la autora. Si la identidad se construye mediante vínculos, la creación también debe entenderse como una actividad compartida.

Propias amplía así el alcance de su investigación sobre memoria e identidad incorporando dimensiones sociales y culturales más amplias.

La experiencia artística se convierte en una herramienta para fortalecer procesos de reconocimiento colectivo y producción de sentido común.

La creatividad aparece entonces no sólo como expresión individual, sino como práctica de construcción cultural.