HIJOS DE MARZO
2011-2026 Libros de autor
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Segunda parte
Primera parte
Arte radical y poética de la raíz: memoria, lenguaje e identidad en la obra interdisciplinar de Cristina Arribas González
Resumen
La obra de Cristina Arribas González ocupa una posición singular dentro de las prácticas artísticas contemporáneas que articulan creación visual, escritura poética e investigación estética. Su producción se desarrolla en un territorio interdisciplinar donde convergen poesía, dibujo, fotografía, pintura, videoarte, edición y reflexión crítica como formas complementarias de conocimiento. A través de una investigación sostenida sobre la memoria, la identidad, el cuerpo y el lenguaje, la autora construye una poética del origen centrada en la exploración de las dimensiones invisibles de la experiencia humana.
Este capítulo propone una aproximación crítica a su trayectoria desde los estudios sobre investigación artística, fenomenología, intermedialidad y archivo expandido. Se sostiene que la noción de raíz constituye el eje conceptual que articula la totalidad de su producción, configurando una forma específica de radicalidad entendida no como ruptura espectacular sino como retorno a los fundamentos de la experiencia. Desde esta perspectiva, proyectos como Hija de la Raíz, Ab Radice, Ciò che sta dietro la parola, Les femmes inséparables, Procesos, Ser D Arte o Ruth Vulgata pueden interpretarse como manifestaciones de una misma investigación estética orientada hacia la construcción de formas de conocimiento sensibles capaces de interrogar las relaciones entre memoria, lenguaje, subjetividad y transformación.
Palabras clave: investigación artística, arte contemporáneo, memoria, identidad, poesía visual, intermedialidad, archivo expandido, fenomenología, Cristina Arribas González.
Introducción
La progresiva transformación del arte contemporáneo durante las últimas décadas ha favorecido la aparición de prácticas que cuestionan las fronteras tradicionales entre disciplinas, medios y formas de producción de conocimiento. En este contexto, la figura del artista deja de identificarse exclusivamente con la producción de objetos para convertirse en investigador, mediador y generador de experiencias donde pensamiento, creación y reflexión aparecen profundamente entrelazados.
Las denominadas prácticas artísticas contemporáneas se caracterizan por una creciente complejidad metodológica que integra elementos procedentes de la filosofía, la literatura, las ciencias sociales, los estudios visuales y las tecnologías de la imagen. Esta ampliación del campo artístico ha permitido el desarrollo de formas híbridas que operan simultáneamente como creación estética y como producción de conocimiento.
La trayectoria de Cristina Arribas González puede situarse precisamente dentro de este horizonte. Su trabajo constituye un ejemplo significativo de investigación artística entendida como proceso interdisciplinar donde escritura, imagen y pensamiento convergen en una misma búsqueda. Lejos de organizarse en disciplinas autónomas, sus proyectos conforman una red de relaciones que explora de manera constante cuestiones vinculadas al origen, la memoria, la vulnerabilidad, el lenguaje y la construcción de subjetividad.
La singularidad de su propuesta reside en la coherencia con la que estas problemáticas atraviesan tanto su producción visual como su escritura poética. Pintura, dibujo, fotografía, poesía, video y ensayo no aparecen como prácticas separadas, sino como manifestaciones complementarias de una misma investigación estética y existencial.
En el centro de esta producción emerge una imagen recurrente: la raíz. Más que un motivo iconográfico, la raíz funciona como estructura conceptual capaz de articular cuestiones relacionadas con la pertenencia, la memoria, la genealogía, la herida y la transformación. Desde ella se construye una auténtica poética del origen que atraviesa la totalidad de la obra.
La hipótesis principal de este capítulo sostiene que la producción artística de Cristina Arribas González desarrolla una forma específica de arte radical cuyo fundamento no reside en la provocación ni en la ruptura formal, sino en la búsqueda de aquello que permanece en la raíz de la experiencia humana. Esta radicalidad se manifiesta mediante una estética de la síntesis, la fragilidad y la escucha que transforma el arte en un espacio de conocimiento sensible.
Para abordar esta cuestión se propone un análisis que combina perspectivas procedentes de la fenomenología, la teoría del lenguaje, la estética contemporánea y los estudios sobre investigación artística. El objetivo no consiste únicamente en describir proyectos o producciones específicas, sino en comprender la lógica interna que articula el conjunto de su práctica.
1. Arte radical y retorno al origen
La palabra radical procede del término latino radix, que significa raíz. Esta dimensión etimológica resulta especialmente relevante para comprender la orientación general de la obra de Cristina Arribas González.
En gran parte del discurso artístico contemporáneo, la noción de radicalidad suele asociarse a estrategias de confrontación política, transgresión institucional o innovación formal. Sin embargo, la radicalidad presente en la producción de Arribas González se sitúa en otro registro. No se trata prioritariamente de cuestionar las convenciones del sistema artístico, sino de desarrollar una investigación orientada hacia aquello que constituye el fundamento de la experiencia.
Esta búsqueda aparece de manera explícita en la propia denominación de algunos de sus proyectos más significativos. Hija de la Raíz y Ab Radice constituyen ejemplos especialmente elocuentes de una poética construida alrededor de la idea de origen.
La raíz funciona simultáneamente como metáfora biográfica, imagen corporal, estructura de memoria y principio epistemológico. Representa aquello que permanece oculto bajo la superficie visible de los fenómenos, pero también aquello que permite comprender las relaciones entre pasado, presente y devenir.
Desde esta perspectiva, la práctica artística se convierte en un ejercicio de excavación. Crear implica descender hacia las capas profundas donde se acumulan experiencias, afectos, pérdidas, vínculos y memorias. El arte deja de concebirse como representación para transformarse en una forma de investigación.
Esta orientación conecta con algunas de las principales corrientes filosóficas del siglo XX. La fenomenología de Martin Heidegger insistió en la necesidad de recuperar una relación originaria con el ser frente a los procesos de objetivación técnica que caracterizan la modernidad. Del mismo modo, Maurice Merleau-Ponty subrayó la importancia de la experiencia corporal como fundamento del conocimiento.
Sin constituir una ilustración directa de estas corrientes, la obra de Arribas González comparte con ellas una preocupación por las dimensiones preconceptuales de la experiencia. Su trabajo se dirige constantemente hacia aquello que antecede a la formulación discursiva: la sensación, la memoria afectiva, el gesto, la huella o el silencio.
La radicalidad aparece entonces como una práctica de profundización. Frente a la aceleración perceptiva de la cultura digital, sus obras proponen espacios de lentitud y contemplación. Frente a la saturación visual contemporánea, introducen vacíos, silencios e interrupciones que permiten reactivar la experiencia de la atención.
En este sentido, puede afirmarse que su producción participa de una estética de la resistencia. No una resistencia basada en el enfrentamiento directo, sino en la recuperación de formas de percepción capaces de escapar a la lógica dominante de la inmediatez.
2. Investigación artística y producción de conocimiento
Uno de los debates más relevantes dentro del arte contemporáneo gira en torno a la consideración de la práctica artística como forma legítima de producción de conocimiento. Autores como Henk Borgdorff, Graeme Sullivan o Mika Hannula han defendido la existencia de saberes específicos generados mediante procesos creativos que no pueden reducirse a los modelos tradicionales de investigación científica.
La obra de Cristina Arribas González resulta especialmente pertinente para abordar esta cuestión.
Su producción se organiza como una investigación continuada donde cada proyecto funciona simultáneamente como obra, archivo, pregunta y proceso. Las piezas individuales adquieren significado dentro de una red más amplia de relaciones que se extiende a lo largo del tiempo.
Esta lógica puede observarse claramente en la estructura de plataformas como Hija de la Raíz o Ser D Arte. Más que espacios de exhibición, operan como laboratorios de experimentación donde escritura, imagen y pensamiento se desarrollan de manera conjunta.
La investigación artística no aparece aquí como una fase previa a la creación ni como una actividad complementaria. Constituye el núcleo mismo de la práctica.
La autora explora cuestiones relacionadas con la identidad, la memoria y el lenguaje mediante procedimientos que integran observación, experiencia, reflexión y producción simbólica. El conocimiento emerge a través del propio acto creativo.
Este aspecto resulta especialmente visible en la serie Procesos. Incluso el título remite a una concepción abierta y dinámica de la creación. Las imágenes no presentan resultados concluidos, sino estados transitorios de formación donde figura y significado permanecen en constante transformación.
Desde esta perspectiva, la obra se aproxima a las concepciones contemporáneas del arte como pensamiento visual. El dibujo deja de funcionar exclusivamente como representación para convertirse en una forma de investigación capaz de producir conocimiento específico sobre la experiencia.
La importancia otorgada al proceso permite comprender también la recurrencia de elementos fragmentarios dentro de su producción. Rostros incompletos, líneas interrumpidas, espacios vacíos y estructuras abiertas aparecen como estrategias destinadas a preservar la condición dinámica del significado.
El conocimiento no se presenta como una verdad cerrada, sino como una experiencia compartida de búsqueda.
3. Memoria, huella y temporalidad
La memoria constituye uno de los ejes fundamentales de la obra de Cristina Arribas González. Sin embargo, esta memoria se distancia tanto de la reconstrucción documental como de la narración autobiográfica convencional.
Lo que interesa a la artista no es la recuperación objetiva del pasado, sino la exploración de las huellas que este deja inscritas en la experiencia presente.
La noción de huella ocupa un lugar central en numerosas teorías contemporáneas de la memoria. Desde Jacques Derrida hasta Georges Didi-Huberman, diversos autores han señalado que el pasado nunca aparece como una presencia íntegra, sino mediante fragmentos, restos y vestigios que sobreviven de forma incompleta.
Esta concepción resulta especialmente útil para aproximarse al universo visual y poético de Arribas González.
En sus obras, la memoria emerge frecuentemente a través de ausencias. Los vacíos no representan carencias, sino espacios activos donde el significado permanece abierto. La imagen funciona como superficie de inscripción de aquello que ya no está presente y, sin embargo, continúa actuando.
La memoria se convierte así en una experiencia dinámica de transformación. Cada recuerdo implica una reinterpretación; cada evocación modifica aquello que recuerda.
Este carácter móvil aparece de manera recurrente en proyectos como Ab Radice, donde escritura y experiencia afectiva se articulan mediante una poética de la herida, el desplazamiento y la reconstrucción.
La raíz y la huella aparecen entonces profundamente conectadas. Ambas remiten a estructuras invisibles que sostienen la experiencia y permiten comprender la continuidad entre pasado y presente.
la genealogía interna de sus proyectos | Cristina Arribas González
El concepto de arte radical en la obra de Cristina Arribas González
Cristina Arribas González (Madrid, 1986) es una artista multidisciplinar, poeta y creadora visual cuya producción se sitúa en el cruce entre las artes visuales, plásticas y literarias. Su obra se caracteriza por una intensa carga simbólica y emocional, así como por una búsqueda constante de lo esencial mediante una estética sobria que otorga un lugar central al vacío, el silencio, la memoria y la introspección. La artista integra en su práctica disciplinas como la poesía, el dibujo, la performance, la pintura, la fotografía, el videoarte y la escritura reflexiva, desarrollando un lenguaje propio en el que confluyen imagen y palabra como formas complementarias de pensamiento y experiencia.
Nacida en Madrid el 10 de enero de 1986, Arribas González es una artista autodidacta que ha desarrollado su trayectoria tanto en el ámbito literario como en el visual. A lo largo de los años ha impulsado proyectos como Hijos de marzo, Hija de la Raíz, Procesos, Ciò che sta dietro la parola y Ser D Arte, iniciativas que evidencian su interés por la relación entre cuerpo, lenguaje, memoria e identidad. Asimismo, ha desarrollado actividades artísticas y culturales en diversas ciudades de Europa —entre ellas París y Pisa— y en México, participando en propuestas performativas, cinematográficas y de creación contemporánea.
Dentro de este contexto creativo, la noción de arte radical en la obra de Cristina Arribas González puede comprenderse como una propuesta estética y existencial que busca recuperar la raíz profunda de la experiencia humana mediante un lenguaje interdisciplinar en el que convergen pintura, poesía, gesto, memoria y reflexión interior. El término “radical” no debe interpretarse únicamente en su dimensión política o rupturista, asociada a ciertas vanguardias históricas o a prácticas de confrontación institucional, sino en su sentido etimológico derivado del latín radix, es decir, “raíz”. La radicalidad en Arribas González consiste en regresar a lo esencial, atravesando las capas superficiales de la representación para acceder a una verdad emocional y ontológica.
La obra poética de Cristina Arribas se distingue por una voz íntima y contundente en la que el lenguaje se depura hasta dejar aflorar la emoción, la espiritualidad y el símbolo. Su poesía, de carácter fragmentario y altamente simbólico, explora temas como el dolor, el cuerpo, la identidad, la memoria íntima y colectiva, así como las tensiones entre la vida y la realización espiritual. El uso de una economía expresiva y de imágenes condensadas configura un cuerpo poético que busca revelar aquello que permanece oculto bajo la experiencia cotidiana.
Sus poemarios constituyen una cartografía emocional y filosófica de esta búsqueda. Memorias de una voz (2013) establece las bases de su poética mediante una escritura fragmentaria vinculada al recuerdo y la identidad. La memoria habitada (2015) profundiza en la herida y en la complejidad simbólica de la memoria. La derecha que amó a la izquierda (2015) aborda las tensiones internas del ser humano y la necesidad de reconciliación afectiva. La tierra que emana (2016) propone un diálogo entre naturaleza y cuerpo como espacios de retorno a la esencia. Más adelante, Propias (2018), galardonado por el Instituto Veracruzano de Cultura, reivindica la reconstrucción de una voz autónoma desde la experiencia femenina y colectiva. En La luz del instante (2019), publicado junto a Ana Vega Toscano, el instante efímero aparece como espacio de revelación poética.
A esta trayectoria se suma la Trilogía poética compuesta por De todas Rosas (2024), Amor no. Agua y fe (2024) y Me mueve el amor para quererte (2025), obras que articulan una reflexión sobre el amor, la fe y la resistencia emocional. Del mismo modo, el díptico epistolar Ab radice (I). De estigmas (2025) y Ab radice (II). El día que morimos las dos. Los brotes rojos (2025) desarrolla una escritura íntima y sanadora donde la raíz se convierte en símbolo de dolor, origen y transformación.
La radicalidad de su propuesta artística se manifiesta precisamente en esta voluntad de ir hacia la raíz de la experiencia humana. En la obra de Arribas González, la creación no aparece como producción ornamental ni como ejercicio de representación convencional, sino como proceso de conocimiento interior. La artista desarrolla una estética de la huella y de la vulnerabilidad donde el gesto, el trazo y la fragmentación funcionan como registros de estados emocionales y espirituales profundos.
La relación entre palabra e imagen constituye uno de los ejes fundamentales de su trabajo. Ambas dimensiones no se subordinan entre sí, sino que forman parte de una misma estructura poética y simbólica. La pintura y la escritura funcionan como lenguajes complementarios capaces de expresar aquello que excede la racionalidad discursiva. Desde esta perspectiva, el arte radical implica una práctica de introspección en la que el acto creativo adquiere una dimensión casi ritual y terapéutica.
En el ámbito visual, su producción incluye fotografía, video experimental, pinturas, ilustraciones, dibujos y cuadernos de artista. En estas obras predominan el trazo esencial, la representación simbólica del cuerpo y una exploración constante de la emoción y del silencio. La economía formal y la contención visual refuerzan la dimensión introspectiva de su lenguaje artístico. Algunas de sus obras han sido exhibidas en espacios culturales públicos e independientes en España y difundidas en plataformas especializadas de arte contemporáneo.
El cuerpo ocupa un lugar central en esta concepción del arte radical. En lugar de presentarse únicamente como territorio político o social, aparece como archivo afectivo y espacio de inscripción de la memoria. El cuerpo en Arribas González es huella, fragilidad y lugar de transformación. El trazo inacabado, la escritura fragmentaria y la presencia del vacío generan una estética donde la vulnerabilidad adquiere valor expresivo y epistemológico.
En este sentido, su obra dialoga con ciertas corrientes contemporáneas vinculadas a la fenomenología, el existencialismo y las prácticas artísticas procesuales. Sin embargo, se distancia de la espectacularización presente en parte del arte conceptual contemporáneo. Su radicalidad no reside en la provocación externa ni en el impacto visual extremo, sino en la autenticidad del proceso creativo y en la capacidad de exponer la fragilidad humana sin artificio.
La dimensión interdisciplinar de sus proyectos refuerza esta concepción. Hijos de marzo explora la herencia y la memoria afectiva mediante textos, acciones visuales y objetos simbólicos. Hija de la Raíz investiga el cuerpo femenino, la espiritualidad y la identidad desde una narrativa orgánica y fragmentaria. Ser D Arte funciona como espacio de pensamiento crítico en el que convergen ilustración, reflexión teórica y creación visual. Les femmes inséparables plantea una iniciativa colectiva centrada en la experiencia femenina como sujeto político, artístico y espiritual.
Por otra parte, Ciò che sta dietro la parola, desarrollado en Italia, investiga aquello que se despliega detrás de la palabra: el silencio, la imagen y lo no dicho. En Ab Radice, la escritura epistolar se convierte en herramienta de sanación y búsqueda espiritual. Finalmente, Ruth Vulgata revisa la figura bíblica de Rut desde una mirada contemporánea, abordando cuestiones de identidad, tradición y memoria cultural.
Todos estos proyectos comparten una misma concepción del arte como espacio de investigación simbólica, resistencia sensible y transformación humana. La artista entiende la creación como una herramienta introspectiva y social capaz de conectar lo íntimo con lo colectivo, lo autobiográfico con lo universal. Asimismo, la posibilidad de que estos proyectos cambien de nombre, representación o figuración según el tiempo evidencia una comprensión orgánica y viva del proceso artístico.
Otro aspecto esencial del arte radical en Cristina Arribas González es su relación con el tiempo y la contemplación. Frente a la aceleración visual y a la saturación de imágenes características de la contemporaneidad digital, su obra propone una estética de la lentitud y del silencio. El espectador es invitado a detenerse, contemplar y participar activamente en la construcción del sentido. La obra no ofrece respuestas cerradas, sino espacios abiertos de resonancia emocional y simbólica.
Desde una perspectiva ética, esta radicalidad implica también una defensa de la autenticidad frente a las dinámicas de superficialidad cultural. La exposición de la memoria, del dolor y de la vulnerabilidad no responde a una lógica confesional narcisista, sino a la voluntad de generar una experiencia de empatía y reconocimiento humano. El arte se convierte así en un lugar de encuentro sensible y de reconstrucción interior.
En conclusión, el concepto de arte radical en la obra de Cristina Arribas González puede definirse como una práctica estética y existencial orientada hacia la búsqueda de la esencia humana mediante la exploración interdisciplinar de la memoria, el cuerpo, la emoción y la palabra poética. Su radicalidad no se fundamenta en la ruptura estridente ni en la provocación formal, sino en la profundidad introspectiva, la autenticidad expresiva y la necesidad de alcanzar una verdad emocional y espiritual. A través de una estética de la síntesis, el silencio y la vulnerabilidad, Arribas González propone un arte entendido como experiencia de conocimiento interior, resistencia cultural y transformación sensible.
Dossier artístico | Cristina Arribas González
Sin título | Cristina Arribas González
El archivo expandido vivo: el espacio como dispositivo de memoria y conciencia sensible | Cristina Arribas González
Hija de la Raíz y las lógicas del arte contemporáneo | Cristina Arribas González
El proyecto Hija de la Raíz se inscribe en las prácticas del arte contemporáneo expandido, donde los límites entre disciplinas, soportes y lenguajes se disuelven en favor de estructuras híbridas de producción simbólica. En este contexto, la obra de Cristina Arribas González se articula como un archivo poético-visual en expansión, que desborda la noción tradicional de obra cerrada.
Desde una perspectiva contemporánea, el proyecto puede entenderse como un dispositivo de archivo activo, en el sentido en que el archivo deja de ser una estructura de conservación para convertirse en un espacio de generación de significado. Siguiendo esta lógica, la web no funciona como contenedor, sino como campo de operaciones donde texto, imagen y proceso se producen simultáneamente.
La práctica se sitúa dentro de una línea de investigación propia del arte contemporáneo que problematiza la autoría, la linealidad narrativa y la estabilidad de la obra. En este caso, la identidad de la artista no se presenta como origen estable, sino como constructo en permanente reescritura, atravesado por fragmentos, desplazamientos y superposiciones de lenguaje.
El carácter interdisciplinar del proyecto —poesía, pintura, fotografía, videoarte y escritura conceptual— responde a una condición central del arte contemporáneo: la contaminación de lenguajes como forma de pensamiento crítico. La imagen deja de ser representación y la palabra deja de ser descripción para convertirse ambas en materiales de experimentación.
Hija de la Raíz | Archivo poético expandido
En este marco, el archivo no actúa como acumulación pasiva, sino como estructura estética y epistemológica. La obra se organiza en torno a nodos como Ab Radice, Ser D Arte, Ciò che sta dietro la parola o Procesos, que no funcionan como series cerradas, sino como sistemas abiertos de producción de sentido.
Conceptualmente, el proyecto se vincula a una poética del origen —la raíz— entendida no como punto fijo, sino como tensión entre memoria, pérdida y construcción. Esta noción permite articular una reflexión sobre la subjetividad contemporánea como entidad fragmentaria, en constante negociación con el lenguaje y la imagen.
En este sentido, Hija de la Raíz puede situarse dentro de las prácticas del arte contemporáneo postconceptual, donde el énfasis no recae en el objeto artístico, sino en los procesos de pensamiento, escritura y circulación que lo generan.
La obra, en su conjunto, no representa una identidad ni narra una biografía, sino que produce un campo expandido de significación, donde el arte funciona como forma de conocimiento y como sistema de escritura del mundo.
Arte radical | Cristina Arribas González
La noción de arte radical en la obra de Cristina Arribas González puede comprenderse como una propuesta estética y existencial que busca recuperar la raíz profunda de la experiencia humana mediante un lenguaje interdisciplinar en el que convergen pintura, poesía, gesto, memoria y reflexión interior. En este contexto, el término “radical” no debe interpretarse únicamente en su sentido político o rupturista, asociado a las vanguardias históricas o a las prácticas de confrontación institucional, sino en su acepción etimológica derivada del latín radix —raíz—, es decir, como un retorno a lo esencial. La radicalidad en Arribas González consiste en explorar las capas más íntimas del sujeto, despojando la creación artística de artificios para convertirla en un espacio de revelación emocional y búsqueda ontológica.
La obra de la artista se caracteriza por una constante interacción entre palabra e imagen. Esta relación no funciona como mera ilustración recíproca, sino como una estructura poética integrada donde ambos lenguajes participan de un mismo impulso expresivo. La pintura y la escritura aparecen así como formas complementarias de pensamiento sensible. Desde esta perspectiva, el arte radical implica una práctica de conocimiento interior en la que el proceso creativo adquiere un valor casi ritual. La artista no representa simplemente objetos o emociones; construye territorios simbólicos donde la subjetividad se manifiesta a través de trazos esenciales, vacíos, silencios y fragmentos poéticos. En consecuencia, la radicalidad se encuentra en la intensidad de la experiencia y en la voluntad de alcanzar una verdad emocional desnuda.
Otro aspecto fundamental de este concepto es la importancia del cuerpo y de la memoria como espacios de inscripción artística. En muchas propuestas contemporáneas, el cuerpo funciona como soporte político o social; en Arribas González, además de esa posible dimensión, el cuerpo aparece como archivo afectivo y territorio espiritual. El gesto pictórico, el trazo inacabado o la escritura fragmentaria revelan procesos de vulnerabilidad y reconstrucción identitaria. La artista desarrolla una estética de la huella, donde la imagen parece surgir de un estado de introspección profunda. El arte radical se convierte entonces en una forma de excavación de la memoria personal y colectiva, especialmente vinculada a la experiencia femenina y a la dimensión emocional de la existencia.
En este sentido, puede afirmarse que su trabajo dialoga con ciertas corrientes del arte contemporáneo que privilegian la subjetividad, la performatividad y la experiencia procesual frente a la representación tradicional. Sin embargo, la propuesta de Arribas González evita la espectacularización frecuente en parte del arte conceptual contemporáneo. Su radicalidad no reside en el impacto visual extremo ni en la provocación formal, sino en la honestidad del proceso creativo y en la exposición de la fragilidad humana. La artista trabaja desde la contención y la síntesis, utilizando materiales visuales y poéticos que remiten a estados emocionales liminales: ausencia, silencio, pérdida, transformación o búsqueda de sentido.
La dimensión poética resulta esencial para comprender esta concepción del arte. La poesía en su obra no constituye un género separado, sino un modo de percepción. El lenguaje poético permite acceder a zonas de la experiencia que escapan a la racionalidad discursiva y abre un espacio de ambigüedad simbólica donde la imagen adquiere múltiples resonancias. Desde esta perspectiva, el arte radical implica también una resistencia frente a los sistemas de significado cerrados y frente a la lógica utilitaria de la cultura contemporánea. La artista reivindica un arte que no responde únicamente a criterios de productividad o consumo visual, sino a una necesidad interior de expresión y conocimiento.
Asimismo, el concepto de radicalidad puede analizarse en relación con la temporalidad presente en su obra. Frente a la aceleración y saturación visual de la sociedad digital, Arribas González desarrolla una estética de la lentitud y de la contemplación. Sus composiciones invitan a una lectura pausada, casi meditativa, en la que el espectador debe implicarse emocionalmente para completar el sentido de la obra. Esta actitud supone una posición crítica frente a la cultura de la inmediatez y del espectáculo. El arte radical se configura entonces como un acto de resistencia estética que reivindica el silencio, la introspección y la experiencia sensible profunda.
Desde una perspectiva filosófica, su propuesta puede relacionarse con corrientes fenomenológicas y existencialistas que consideran el arte como una vía de acceso al ser. La creación artística no aparece únicamente como producción de objetos estéticos, sino como experiencia transformadora. En este marco, la radicalidad implica atravesar las apariencias para aproximarse a aquello que permanece oculto en la experiencia cotidiana. La artista trabaja con símbolos abiertos, formas inestables y escrituras fragmentarias que sugieren más de lo que afirman. Esta indeterminación favorece una relación activa con el espectador, quien participa en la construcción del significado desde su propia experiencia emocional.
También resulta relevante la dimensión ética de su práctica artística. El arte radical, en este caso, supone una defensa de la autenticidad frente a las dinámicas de superficialidad cultural. La exposición de la vulnerabilidad, la memoria y la intimidad no responde a una lógica confesional narcisista, sino a la voluntad de establecer una conexión humana profunda. La obra funciona como espacio de empatía y reconocimiento mutuo. De este modo, la radicalidad adquiere un carácter humanista: el arte se entiende como herramienta de transformación interior y de reconstrucción del vínculo sensible entre individuo y mundo.
Por otra parte, la hibridez disciplinar presente en su producción refuerza esta concepción radical del arte. La artista disuelve las fronteras entre géneros y medios expresivos, integrando escritura, imagen y acción performativa en una misma investigación estética. Esta práctica interdisciplinar responde a la necesidad de encontrar formas expresivas capaces de transmitir experiencias complejas que no pueden reducirse a un único lenguaje. En consecuencia, el arte radical implica también una crítica a las categorías rígidas de clasificación artística y una apertura hacia formas híbridas de creación contemporánea.
En conclusión, el concepto de arte radical en la obra de Cristina Arribas González puede definirse como una práctica estética orientada hacia la búsqueda de la esencia humana mediante la exploración interdisciplinar de la memoria, el cuerpo, la emoción y la palabra poética. Su radicalidad no se fundamenta en la provocación externa, sino en la profundidad introspectiva, la autenticidad expresiva y la voluntad de alcanzar una verdad emocional y existencial. A través de una estética de la síntesis y de la vulnerabilidad, la artista propone un arte entendido como experiencia de conocimiento interior, resistencia cultural y transformación sensible.
Catálogo | Libros de autor
La verdad que nos vio mirar | Cristina Arribas González
El principio de la Rosa | Cristina Arribas González
DE TODAS ROSAS | reseña
“Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!, / hacedla florecer en el poema; / sólo para nosotros / viven todas las cosas bajo el Sol”. Cómo no recordar esta emblemática estrofa de Vicente Huidobro, perteneciente a su “Arte poética” —una composición incluida en su libro de 1916 El espejo de agua—. Cómo no recordar esas influyentes palabras del vate chileno si, en De todas Rosas, la escritora y artista plástica Cristina Arribas González (Madrid, 1986) ha decidido asumir el riesgo de hacer florecer la rosa en el poema, mas sin dejar de cantarla según su bien reconocible sensibilidad.
Creadora a caballo entre España y América Latina; autora de poemarios como Memorias de una voz (2013), La derecha que amó a la izquierda (2015), La tierra que emana (2016), Propias (2018) y La luz del instante (2019, en colaboración con la pianista, periodista y musicóloga Ana Vega Toscano), Cristina Arribas permanece fiel, en los cuarenta y dos poemas que conforman su nuevo libro, a los rasgos constantes de su estética: economía expresiva; saltos de pensamiento insólito, con un manejo radical de las elipsis; verso nítido en apariencia y, no obstante, abocado a múltiples interpretaciones si se toma el contexto del que forma parte; ineludible sensación de temblor a cada asombro revelado. Justo es esa fidelidad a los principios estilísticos lo que concede a De todas Rosas su carácter celebratorio tan singular; tan temblorosamente singular, en efecto. Una celebración donde “asusta la sutileza de las flores”, y el sujeto poético necesita “deambular por la tristeza / encontrar la misión de las arañas / el gas como pulmón / las velas recortadas / al ras del silencio”. Pero el silencio no impondrá su dura ley, y, para comprenderlo, nada mejor que sumergirse en uno de los textos irreemplazables del libro; quizá su poema clave, titulado “En el instante”, donde leemos: “En la vida se llega / cuando se esclarecen las rosas / cuando / no tienes mundos / donde / esconder su presencia / y al enfrentarlas / en su propia belleza / en su propia pereza / resuenan”. De tal modo, resulta legítimo establecer un hondo parangón entre la rosa, o entre las rosas sucesivas, y el propio hecho poético con sus indagaciones inherentes, con sus pesquisas necesarias: “mi rosa está / oscura y silenciosa / pero habla mucho / cuando se la necesita”; “mi rosa habla / con engrandecidos dientes / no como gardenias / en tangos fáciles”.
“Hay palabras / que se quedan observándose / como despojándose de los pétalos / y al abrazarlas pierden su armonía / un deseo de estar solas / son esas palabras / llegan al amor / en soledad”. Son versos de otra de las páginas fundamentales del libro, “La palabra de las Rosas”; versos que trazan el fecundo itinerario de la creación verdadera: observación y pesquisa, asombro y revelación, amor y soledad. “Soy poesía / No un poema al cual poder abatir”, escribirá luego la autora, y con toda razón. Pues ella “fue hacia dentro / como esa flor de antaño / que escribía con mareas de fuego”; sujeto poético que es “raíz incendio de mujer / mujer ardiendo en mujer / mujer palabra hermosa / en mi boca / en mi dolor / en mi garganta”. Con De todas Rosas, Cristina Arribas González marca un hito indiscutible de madurez creativa; de esa noble madurez que ha aprendido a celebrar en la esperanza —“Algo que me atrapa / algo que alguien hizo para mí / A veces pienso que es algo mejor / que me espera”— y en el espacio compartido de una fructífera comunicación, allí donde las voces generosas aciertan a arraigarse tras las epifanías —“De todas las rosas / la tuya es la primera / la mía la dejaré para después / cuando no me queden rosas”—. Y así, una vez superado el desafío de hacer florecer y, al mismo tiempo, cantar celebrando desde el más íntimo temblor, la autora podrá escribir estos rotundos versos, hermosos y encendidos: “La última rosa / soy yo / Furtiva y aparentemente silenciosa / Pero emerjo con entusiasmo / de palabra / y rectifico lo que el dolor hizo / Porque estoy roja / Porque soy viva”.
Reseña del poeta español Antonio Daganzo en la revista Entreletras (27 de abril del 2024).



