El principio de la Rosa | Cristina Arribas González

"Stat rosa pristina nomine / Stat Roma pristina nomine"


Nosotros quizá también persistimos como nombre /
quizá nunca fuimos otra cosa que eso desde el principio.


En un jardín que el tiempo ha deshecho,
floreció una rosa que nadie recuerda.
Ni su color, ni su aroma, ni su forma:
solo un nombre suspendido en la niebla.

La tocaron siglos que ya no existen,
la miraron ojos vueltos al polvo;
y cuando todo termina y se apaga,
queda la palabra… flotando sola.

“Rosa”, decimos,
y no hay pétalos,
ni espinas,
ni sangre en los dedos.

Solo un eco leve,
una sombra del mundo,
un signo vacío
que insiste en quedarse.

Quizá nunca fue más que eso:
un nombre que creímos real,
una forma que el lenguaje sostuvo
antes de dejarla caer.

Y así vivimos:
rodeados de nombres,
nombrando lo ausente,
creyendo tocar lo que ya no está.

La rosa solo existe para ti:
pasado.

Allí se deshacía en halagos,
allí su presencia no era mera,
era virtud y verdad.

Ahora vuelve
como idea insinuada,
traída desde un lugar sin materia,
con su oscuro color intacto.

Allí se desplegaba,
se escribía en filosofías y principios.
Aquí
es solo mi nombre.

La existencia de mí:
yo.

Rosa.
Verdadero.


Toda presencia es solo un efecto de persistencia, es la esencia visible

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