*No es nada, gracias*
No recuerdo si viajabas, mi alma. Todo es empezar.
Viva y muerta repites, porque olvidan gestos de adiós y buen humor.
Hemos perdido las letras, el amor educado.
Ya no invocan, solo dicen.
Y decir no es menos que volar en la boca.
Si provocas talento, de algún modo
te robará la herida. Y llorando,
de lloro quedarás.
Porque el educado perdió y ganó, sonrojando.
Ella,
la que descubrió el pulso de los mentirosos,
de los ardientes cinceles de estropajo.
Cuando escribas, lávate la boca,
el pensamiento y el corazón.
Sabe Dios.
Dios, sí.
Lo escribí.
Si escrito existe, no es nada, gracias.
Te lo volveré a decir:
¿Para qué?
¿De dónde vienes?
Todo esto y más yo no olvidaré:
provocar.
Gracias, gracias, gracias es el nombre de las tres.
Las recordarás por otra cosa. Yo te las daré en razones, probaciones al alma,
para que escribas y no me olvides.
Aun habiendo borrado mi nombre, yo estaré ahí.
Gracias, gracias, gracias. Así me llaman.
Yo sí que no olvido sus nombres: Aglaya, Eufrósine y Talia, belleza, alegría y florecimiento.
¿Del espíritu pensaste? No.
Del alma.
Ahora vuelve a esas palabras y di: gracias.
Por lo menos,
para que te quede abundancia.
Lávate la boca, pensamiento y acción, para que el corazón
no te prive
de este abrazo
que a mí me provocaste, porque vi tu herida…
y ya no es nada.
* Las tertulias de sin dios*
Los textos son como tú, muerte, se propagan,
experimentan la luz y se oscurecen, retroceden al infierno
y se reproducen, muerte, muerte, muerte. Estado de clarividencia, mi magia es tu magia. Puedo con dios sin dios, sin él, sin ser.
Puedo dios, sí ser. A dios le pongo mis manos
para saber la tuya, tu alma.
Arrancando de pronto tu vida.
*Los números enemigos*
Es mi número el enemigo, el que repito, y repito y repito.
Con la estrategia del dolor. No me culpo,
me distraigo, me convierto.
Tengo la miseria
y el don del talento, siempre invocando naufragios pasados, estirpes baldías,
y un corazón, y un corazón, y un corazón.
La idea de la coraza me persigue, los blasones,
y los castillos, paso de tiempos a tiempo, y no puedo ocultar
mi desesperación
de no saber quién soy.
Tengo un nombre que no creo, no habito,
no entiendo.
Me duele su corazón en mí.
Su amor en mí
porque significa muerte y lo siento.
*El blasón mágico*
Porque existes,
como profanación al silencio, y me duele, duele, duele, tanto, tanto,
que en magia de apellidos perdí
la oscuridad celeste de las palabras.
*Extracción de la poesía del encanto (2025), Cristina Arribas González*
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