EL FLEUVE / EL ESPEJO
Ensayo lírico sobre la repetición, la memoria y el acto creativo
"Mais non, toujours..."
—Yves Bonnefoy
I. El río
YO
Hay un lugar del que despierto continuamente.
No es un lugar. Es el lenguaje antes de convertirse en lenguaje.
Cada vez regreso con la garganta rota, como si el sentido hubiera caído otra vez sobre la piedra.
Entonces escribo.
No para recordar, sino para escuchar el ruido de esa caída.
EL ESPEJO
No despiertas del sueño.
Despiertas del nombre.
Todo lo que llamas origen es una palabra que todavía no aprendiste a abandonar.
El río no avanza.
Se repite.
Como tú.
II. Quod dixi dixi
YO
"Quod dixi dixi."
Lo dicho permanece.
No porque sea verdadero.
Porque una vez pronunciado ya pertenece al tiempo.
Es imposible deshacer una palabra.
Toda escritura modifica el mundo.
Toda escritura modifica al que escribe.
EL ESPEJO
Confundes permanencia con inmovilidad.
Nada permanece.
Lo único que insiste es la huella.
Escribes para producir ruinas.
III. La rosa
"Stat rosa pristina nomine."
YO
Nosotros también persistimos como nombre.
Quizá nunca fuimos otra cosa.
La rosa desapareció.
Quedó la palabra.
La memoria desapareció.
Quedó la imagen.
El cuerpo desaparece.
Queda el gesto.
EL ESPEJO
Nombrar no conserva.
Nombrar fabrica fantasmas.
Cada palabra es una tumba y una semilla.
IV. Acto creativo
Crear no consiste en producir objetos.
Consiste en atravesar una pérdida.
Toda imagen nace porque algo dejó de existir.
Toda pintura es memoria de una materia ausente.
Toda escultura es el vacío organizándose.
Todo poema es un fracaso necesario del lenguaje.
El arte comienza exactamente allí.
Donde el lenguaje ya no alcanza.
V. Cuerpo
cuerpo
en fragmentos doloridos
línea sin fondo
trazo
que en la memoria
encuentra su forma
gesto
en frecuencias de rosa
rostro
rostro
repetición
del vacío
VI. Los símbolos
Las raíces no representan.
Investigan.
Los símbolos no explican.
Excavan.
Toda alegoría es una herramienta.
Todo título es un dispositivo.
Todo guarismo es una puerta.
El arte radical no busca una estética.
Busca la raíz.
La raíz no es el origen.
Es aquello que todavía continúa creciendo debajo de lo visible.
VII. La inmutabilidad de Dios
YO
Dios es espíritu.
Nada más.
No posee tiempo.
No necesita cuerpo.
Su cuerpo nació el día que apareció el espejo.
Cuando alguien dijo:
"Yo."
EL ESPEJO
No buscas a Dios.
Buscas el instante en que el pensamiento se observó por primera vez.
Desde entonces toda conciencia es un espejo roto.
VIII. Sátiro
Y cuando ya estoy destruida
llega una señal.
No sé si será Dios.
No sé si eres tú.
No sé si es mi imaginación.
Pero siempre ocurre.
Cuando todo termina,
algo comienza a mirar.
No desde fuera.
Desde dentro.
Como un estornino
dibujando figuras imposibles
sobre el aire.
IX. Le Manoir de la Rose
Mi casa es la rosa.
No la flor.
La herida.
Es el vacío que me guarda.
Al sostenerla,
mis manos enrojecen
hasta olvidar
qué era exactamente aquello
que intentaban proteger.
La rosa no hiere.
Enseña.
Toda espina es una forma del conocimiento.
Toda belleza exige una transformación.
X. Patrimonio visual
Mi práctica se sitúa entre la escritura, la poesía y las artes visuales.
No utilizo disciplinas.
Las dejo contaminarse.
La palabra produce imágenes.
La imagen escribe.
La pintura piensa.
La escultura recuerda.
El vídeo respira.
La fotografía conserva la desaparición.
El dibujo registra el tiempo.
Todo pertenece al mismo organismo.
Lo interdisciplinar no es una suma.
Es una mutación.
XI. Repetición
La locura comienza cuando repetimos sin escuchar.
El pensamiento artístico comienza cuando repetimos hasta descubrir que nunca fue la misma repetición.
Cada regreso modifica el origen.
Cada lectura modifica el texto.
Cada mirada modifica la imagen.
Comprender consiste en aceptar que el río siempre parece el mismo
porque nosotros ya no somos quienes entramos en él.
XII. Epílogo
Toda presencia
es un efecto de persistencia.
La esencia
apenas visible.
El arte no intenta revelar una verdad.
Intenta construir el lugar
desde donde esa verdad
podría aparecer.
Y quizá,
cuando ya no quede la rosa,
ni el cuerpo,
ni el nombre,
permanezca solamente
el gesto de haber intentado decirla.
XIII. DIAGRAMA POÉTICO DE TRANSFORMACIÓN
El tiempo contiene la vida.
El orbe contiene el conocimiento.
El azar produce la rosa.
La oscuridad revela la luz.
El silencio abre la libertad.
El fulgor se encarna en materia.
La raíz conduce hacia la muerte.
El amor se transforma en arte.
Y la poesía encuentra finalmente su cuerpo en la palabra.
La palabra no está fuera del mundo natural; nace de él. La poesía aparece después de la raíz, del amor, de la materia, del silencio. La palabra sería, en ese sentido, la última forma visible de todo lo anterior.
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