para no oírse caer.
Cada mañana despertaba
con el miedo como primer pensamiento:
que nadie viera
la grieta bajo la máscara,
el temblor detrás de la máscara.
Todo empezó con la promesa
de parecer eterna,
de burlar al tiempo
con trucos pequeños
y mentiras bien maquilladas.
Aprendió el arte del engaño:
sonreír para el otro,
medir las palabras,
esconder la dependencia
detrás de máscaras.
Cada mañana despertaba
con el miedo como primer pensamiento:
que nadie viera
la grieta bajo la máscara,
el temblor detrás de la sonrisa.
Aprendió el arte del engaño.
Lo aprendió bien.
Mientras tanto
se ahogaba
en un silencio perfecto,
limpio por fuera,
letal por dentro.
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