para que mi paz llegue con melodías
de pájaros y cuencos de madera.
Imploro al silencio donde te encuentras tú,
curándolo todo,
dándome respiro y aliento.
Te imploro, porque solo tú
sabes que mis voces
son nombres que morí, no maté,
y solo tú me puedes devolver tu verbo.
Solo tú,
amor mío.
Imploro clemencia a voces del destierro,
que mi paz llegue en cantos y en maderas;
que el aire cure heridas tan sinceras,
y el sol disuelva el eco del encierro.
Te imploro al fin, silencio puro y tierno,
donde tú estás, curando lo que espera;
respira en mis venas, las primeras
palabras que me salvan del invierno.
Solo tú sabes, verbo de mi herida,
los nombres que murieron sin ser míos;
solo tú das sentido a mi partida.
Devuélveme tu amor, tus poderíos,
mi amor, mi todo, esencia compartida,
que sin tu voz me quedo en los vacíos.
*La poesía de la libertad y el soneto (2025), Cristina Arribas González*
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